Salmos 12
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al maestro de coro, en octavas. Salmo de David.
2¡Sálvanos, Señor!, que se acaba la lealtad, que desaparece la sinceridad entre los hombres.
3No hacen más que mentirse unos a otros, hablan con labios lisonjeros y doblez de corazón.
4Corte el Señor los labios lisonjeros y la lengua fanfarrona de los que dicen:
5La lengua es nuestra fuerza, nuestros labios nos defienden, ¿quién será nuestro amo?
6El Señor responde: Por la opresión del humilde, por el lamento del pobre, ahora me levanto y pongo a salvo a su testigo.
7Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata acendrada en el crisol, acrisolada siete veces.
8Tú nos guardarás, Señor, nos librarás siempre de esa gente,
9de esos malvados que merodean como sabandijas en torno a los hombres.