Salmos 104
Biblia del Peregrino (1993) ›1Bendice, alma mía, al Señor: Señor Dios mío, eres inmenso.Te revistes de belleza y majestad,
2la luz te envuelve como un manto. Despliegas los cielos como una tienda,
3tus altos salones techados sobre las aguas. Las nubes te sirven de carroza y te paseas en las alas del viento.
4Los vientos te sirven de mensajeros, el fuego llameante, de ministro.
5Asentaste la tierra sobre su cimiento y no vacilará nunca jamás.
6La cubriste con el vestido del océano; y las aguas asaltaron las montañas.
7Pero a tu bramido huyeron, al fragor de tu trueno se precipitaron,
8mientras subían los montes y bajaban los valles, cada cual al puesto asignado.
9Trazaste una frontera infranqueable, para que no vuelvan a cubrir la tierra.
10De los manantiales sacas torrentes que fluyen entre los montes;
11en ellos se abrevan los animales salvajes, el asno salvaje apaga su sed.
12Junto a ellos habitan las aves del cielo Desde las frondas envían su canción.
13Desde tus salones riegas las montañas, y la tierra se sacia de tu acción fecunda.
14Haces brotar hierba para el ganado y forraje para las tareas del hombre:
15para que saque pan de los campos y vino que le alegra el ánimo, y aceite que da brillo a su rostro, y alimento que lo fortalece.
16Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó.
17Allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña.
18Los riscos son para las cabras y las peñas, madrigueras de tejones.
19Hiciste la luna con sus fases y el sol que conoce su ocaso.
20Traes tinieblas y se hace de noche, y rondan las fieras de la selva.
21Los cachorros rugen por su presa reclamando a Dios su comida.
22Cuando brilla el sol, se recogen para tumbarse en sus guaridas.
23El hombre sale a sus faenas, a su labranza hasta el atardecer.
24¡Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría: la tierra está llena de tus criaturas!
25Ahí está el mar: ancho y dilatado, en él bullen sin número animales pequeños y grandes;
26lo surcan las naves, y el Leviatán que hiciste para jugar con él.
27Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo;
28se la echas y la atrapan, abres la mano y se sacian de bienes.
29Escondes el rostro y se espantan, les retiras el aliento y perecen y vuelven al polvo.
30Envías tu aliento y los recreas y renuevas la faz de la tierra.
31¡Gloria al Señor por siempre y goce el Señor con sus obras!
32Cuando mira la tierra, ella tiembla, toca los montes, y echan humo.
33Cantaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.
34Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
35Que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más. Bendice, alma mía, al Señor. Aleluya.