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Números 11

Biblia del Peregrino (1993)

1El pueblo se quejaba al Señor de sus desgracias. Al oírlo él, se encendió su ira, estalló contra ellos el fuego del Señor y empezó a abrasar el extremo del campamento.

2El pueblo gritó a Moisés; éste rezó al Señor por ellos, y el incendio se apagó.

3Y llamaron a aquel lugar Taberá, porque allí había estallado contra ellos el fuego del Señor.

4La masa que iba con ellos estaba hambrienta, y los israelitas se pusieron a llorar con ellos, diciendo: ¡Quién nos diera carne!

5Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, y melones, y puerros, y cebollas, y ajos.

6Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná

7el maná se parecía a semilla de coriandro, con color de bedelio;

8el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite.

9Por la noche caía el rocío en el campamento y encima de él el maná .

10Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor, y disgustado

11dijo al Señor: ¿Por qué maltratas a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo?

12¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz para que me digas: Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres?

13¿De dónde sacaré carne para repartirla a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: Danos de comer carne.

14Yo sólo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas.

15Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.

16El Señor respondió a Moisés: Tráeme setenta dirigentes que te conste que dirigen y gobiernan al pueblo, llévalos a la tienda del encuentro y que esperen allí contigo.

17Yo bajaré y hablaré allí contigo. Apartaré una parte del espíritu que posees y se lo pasaré a ellos, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo.

18Al pueblo le dirás: Purificaos para mañana, pues comeréis carne. Habéis llorado pidiendo al Señor: ¡Quién nos diera carne! Nos iba mejor en Egipto. El Señor os dará de comer carne.

19No un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte,

20sino un mes entero, hasta que os produzca náusea y la vomitéis. Pues habéis rechazado al Señor, que va en medio de vosotros, y habéis llorado ante él diciendo: ¿Por qué salimos de Egipto?

21Replicó Moisés: El pueblo que va conmigo cuenta seiscientos mil de a pie, y tú dices que les darás carne para que coman un mes entero.

22Aunque se maten las vacas y las ovejas, no les bastará, y aunque se reúnan todos los peces del mar, no les bastaría.

23El Señor dijo a Moisés: ¿Acaso es tan mezquina la mano de Dios? Ahora verás si mi palabra se cumple o no.

24Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Después reunió a los setenta dirigentes del pueblo y los colocó alrededor de la tienda.

25El Señor bajó en la nube, habló con él, y apartando parte del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta dirigentes del pueblo. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar, una sola vez.

26Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.

27Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: Eldad y Medad están profetizando en el campamento.

28Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: Prohíbeselo tú, Moisés, señor mío.

29Moisés le respondió: ¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!

30Moisés volvió al campamento con los dirigentes israelitas.

31El Señor levantó un viento del mar, que trajo bandadas de codornices y las arrojó junto al campamento, aleteando a un metro del suelo en un radio de una jornada de camino.

32El pueblo se pasó todo el día, la noche y el día siguiente recogiendo codornices, y el que menos, recogió diez cargas, y las tendían alrededor del campamento.

33Con la carne aún entre los dientes, antes de que se acabase, la ira del Señor hirvió contra ellos y los hirió con una grave mortandad.

34El lugar se llamó Quibrot Hatavá, porque allí enterraron a los glotones.

35Desde allí se marcharon a Jaserot, donde se quedaron.

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