Mateo 17
Biblia del Peregrino (1993) ›1Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada.
2Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
3Se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
4Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
5Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escuchadle.
6Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces temblando de miedo.
7Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levantaos, no temáis!
8Alzando la vista, no vieron más que a Jesús solo.
9Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que este Hombre resucite de la muerte.
10Los discípulos le preguntaron: ¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías?
11Jesús respondió: Elías tiene que venir a restaurarlo todo.
12Pero os aseguro que Elías ya vino y no lo reconocieron y lo trataron a su antojo. Otro tanto ha de sufrir de ellos este Hombre.
13Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
14Cuando volvieron adonde estaba la gente, un hombre se le acercó, se arrodilló ante él
15y le dijo: Señor, ten compasión de mi hijo que es epiléptico y sufre horriblemente. Muchas veces se cae en el fuego o en el agua.
16Se lo he traído a tus discípulos y no han podido sanarlo.
17Respondió Jesús: ¡Qué generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros y aguantaros? Traédmelo acá.
18Jesús reprendió al demonio, y éste abandonó al muchacho que desde aquel momento quedó sano.
19Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
20Él les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si tuvierais fe del tamaño de una semilla de mostaza, diríais a aquel monte que se trasladara allá, y se trasladaría. Y nada os resultaría imposible.
21[[Pero esta clase sólo se expulsa con oración y ayuno.
22Mientras paseaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: Este Hombre será entregado en manos de hombres
23que le darán muerte. Pero al tercer día resucitará. Ellos se entristecieron profundamente.
24Cuando llegaron a Cafarnaún, los que recaudaban el impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le dijeron: ¿No paga vuestro maestro el impuesto del Templo?
25Pedro contestó: Sí. Cuando entró en casa, Jesús se le adelantó y le preguntó: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿de quiénes cobran impuestos?, ¿de los hijos o de los extraños?
26Contestó que de los extraños y Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.
27Pero para no dar motivo de escándalo, ve al lago, echa un anzuelo y al primer pez que pique agárralo, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti.