Mateo 13
Biblia del Peregrino (1993) ›1Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago.
2Se reunió junto a él una gran multitud, así que él subió a una barca y se sentó, mientras la multitud estaba de pie en la orilla.
3Les explicó muchas cosas con parábolas: Salió un sembrador a sembrar.
4Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino, vinieron las aves y se las comieron.
5Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida;
6pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron.
7Otras cayeron entre cardos: crecieron los cardos y las ahogaron.
8Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
9Quien tenga oídos que escuche.
10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: ¿Por qué les hablas contando parábolas?
11Él les respondió: Porque a vosotros se os concede conocer los secretos del reinado de Dios, pero a ellos no se les concede.
12Al que tiene le darán y le sobrará; al que no tiene le quitarán aun lo que tiene.
13Por eso les hablo contando parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden.
14Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías: Por más que escuchéis, no comprenderéis, por más que miréis, no veréis.
15Se ha embotado la mente de este pueblo; se han vuelto duros de oído, se han tapado los ojos. Que sus ojos no vean ni sus oídos oigan, ni su mente entienda, ni se conviertan para que yo los sane.
16Dichosos en cambio vuestros ojos que ven y vuestros oídos que oyen.
17Os aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
18Vosotros escuchad, pues, la explicación de la parábola del sembrador.
19Si uno escucha la palabra del reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo sembrado en su corazón; ése es como lo sembrado junto al camino.
20Lo sembrado en terreno pedregoso es el que escucha la palabra y la acoge enseguida con gozo;
21pero no tiene raíz y es inconstante. Llega la tribulación o persecución por causa de la palabra e inmediatamente falla.
22Lo sembrado entre cardos es el que escucha la palabra; pero las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza la ahogan y no da fruto.
23Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la palabra y la entiende. Ése da fruto: cien o sesenta o treinta.
24Les contó otra parábola: El reinado de Dios es como un hombre que sembró semilla buena en su campo.
25Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se marchó.
26Cuando el tallo brotó y empezó a granar, se descubrió la cizaña.
27Fueron entonces los siervos y le dijeron al amo: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña?
28Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los siervos: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?
29Les contestó: No; que, al arrancarla, vais a sacar con ella el trigo.
30Dejad que crezcan juntos hasta la siega. Cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña, atadla en gavillas y echadla al fuego; luego recoged el trigo y guardadlo en mi granero.
31Les contó otra parábola: El reinado de Dios se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo.
32Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas.
33Les contó otra parábola: El reinado de Dios se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.
34Todo esto se lo expuso Jesús a la multitud con parábolas; y sin parábolas no les expuso nada.
35Así se cumplió lo que anunció el profeta: Voy a abrir la boca pronunciando parábolas, profiriendo cosas ocultas desde la creación [del mundo .
36Después, despidiendo a la multitud, entró en casa. Se le acercaron los discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña.
37Él les contestó: El que sembró la semilla buena es este Hombre;
38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del Maligno;
39el enemigo que la siembra es el Diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles.
40Como se recoge la cizaña y se echa al fuego, así sucederá al fin del mundo:
41Este Hombre enviará a sus ángeles para que recojan de su reino todos los escándalos y los malhechores;
42y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
43Entonces, en el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. Quien tenga oídos que escuche.
44El reinado de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo.
45El reinado de Dios se parece a un mercader en busca de perlas finas:
46al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.
47El reinado de Dios se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie.
48Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran.
49Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos
50y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
51¿Lo habéis entendido todo? Le responden que sí,
52y él les dijo: Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reinado de Dios se parece a un amo de casa que saca de su alacena cosas nuevas y viejas.
53Cuando Jesús terminó estas parábolas, se marchó de allí,
54se dirigió a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros?
55¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
56Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso?
57Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa.
58Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.