Marcos 11
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos discípulos
2diciéndoles: Id a la aldea de enfrente y, nada más entrar, encontraréis un borrico atado, que aún nadie ha montado. Soltadlo y traedlo.
3Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, le diréis que le hace falta al Señor y que se lo devolverá muy pronto.
4Fueron y encontraron el borrico atado junto a una puerta, por fuera, en la calle. Lo soltaron.
5Algunos de los allí presentes les dijeron: ¿Por qué soltáis al borrico?
6Contestaron como les había encargado Jesús, y les permitieron llevarlo.
7Llevaron el borrico a Jesús, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó.
8Muchos alfombraban el camino con sus mantos, otros con ramos cortados en el campo.
9Los que iban delante y detrás gritaban: ¡Hosana! Bendito el que viene en nombre del Señor.
10Bendito el reino de nuestro padre David que llega. ¡Hosana al Altísimo!
11Entró en Jerusalén y se dirigió al templo. Después de inspeccionarlo todo, como era tarde, volvió con los Doce a Betania.
12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.
13Al ver de lejos una higuera frondosa, se acercó para ver si encontraba algo; pero no encontró más que hojas, pues no era el tiempo de los higos.
14Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie frutos tuyos. Los discípulos lo estaban oyendo.
15Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
16y no dejaba a nadie transportar objetos por el templo.
17Y les explicó: Está escrito: Mi casa será casa de oración para todas las naciones; en cambio vosotros la habéis convertido en cueva de asaltantes.
18Lo oyeron los sumos sacerdotes y los letrados y buscaban la forma de acabar con él; pero lo temían, porque toda la gente admiraba su enseñanza.
19Cuando anocheció, salió de la ciudad.
20Por la mañana, pasando junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz.
21Pedro se acordó y le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
22Jesús le respondió: Tened fe en Dios.
23Os aseguro que si uno, sin dudar en su corazón, sino creyendo que se cumplirá lo que dice, manda a ese monte que se quite de ahí y se tire al mar, lo conseguirá.
24Por tanto os digo que, cuando oréis pidiendo algo, creed que se os concederá, y así os sucederá.
25Cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, y vuestro Padre del cielo os perdonará vuestras culpas.
26Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros.
27Volvieron a Jerusalén y, mientras caminaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores
28y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces eso? ¿Quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?
29Jesús respondió: Os haré una pregunta, si me respondéis os diré con qué autoridad lo hago.
30El bautismo de Juan, ¿procedía de Dios o de los hombres? Respondedme.
31Ellos discutían entre sí: Si decimos que de Dios, nos dirá que, por qué no le creímos.
32¿Vamos a decir que de los hombres? Tenían miedo a la gente, porque todos consideraban a Juan un profeta auténtico .
33Así que respondieron: No sabemos. Y Jesús les dijo: Entonces yo tampoco os digo con qué autoridad lo hago