Marcos 1
Biblia del Peregrino (1993) ›1Comienza la Buena Noticia de Jesucristo. [Hijo de Dios.
2Tal como está escrito en la profecía de Isaías: Mira, envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino.
3Una voz clama en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos.
4Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
5Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre.
7Y predicaba así: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias.
8Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
9En aquel tiempo vino Jesús desde Nazaret de Galilea y se hizo bautizar por Juan en el Jordán.
10En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma.
11Se escuchó una voz del cielo que dijo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.
12Inmediatamente el Espíritu lo llevó al desierto,
13donde pasó cuarenta días sometido a pruebas por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían.
14Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios.
15Decía: Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Arrepentíos y creed en la Buena Noticia.
16Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores.
17Jesús les dijo: Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.
18Al punto, dejando las redes, le siguieron.
19Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca.
20Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.
21Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar.
22La gente se asombraba de su enseñanza porque lo hacía con autoridad, no como los letrados.
23Precisamente en aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, que gritó:
24¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Consagrado de Dios!
25Jesús le increpó: ¡Calla y sal de él!
26El espíritu inmundo sacudió al hombre, dio un fuerte grito y salió de él.
27Todos se llenaron de estupor y se preguntaban: ¿Qué significa esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.
28Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
29Después salió de la sinagoga y con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés.
30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida.
31Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.
32Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados.
33Toda la población se agolpaba a la puerta.
34Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.
35Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.
36Simón y sus compañeros lo buscaron
37y cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te están buscando.
38Les respondió: Vámonos de aquí a las aldeas vecinas, para predicar también allí, pues a eso he venido.
39Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.
40Se le acercó un leproso y [arrodillándose le suplicó: Si quieres, puedes sanarme.
41Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: Lo quiero, queda sano.
42Al punto se le fue la lepra y quedó sano.
43Después le amonestó y le despidió encargándole:
44Cuidado con decírselo a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés.
45Pero al salir, aquel hombre se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en despoblado. Y aun así, de todas partes acudían a él.