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Lucas 4

Biblia del Peregrino (1993)

1Jesús, lleno de Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto,

2durante cuarenta días, mientras el Diablo lo ponía a prueba. En ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre.

3El Diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

4Le respondió Jesús: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre.

5Después lo llevó a una cima y le mostró en un instante todos los reinos del mundo.

6El Diablo le dijo: Te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero.

7Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo.

8Le replicó Jesús: Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto.

9Entonces lo condujo a Jerusalén, lo colocó en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí,

10porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden

11y te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra.

12Le respondió Jesús: Está dicho: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.

13Concluida la prueba, el Diablo se alejó de él hasta otra ocasión.

14Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.

15Enseñaba en sus sinagogas, respetado de todos.

16Fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura.

17Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y dio con el texto que dice:

18El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos,

19para proclamar el año de gracia del Señor.

20Lo cerró, se lo entregó al empleado y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.

21Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia vuestra, se ha cumplido este pasaje de la Escritura.

22Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: Pero, ¿no es éste el hijo de José?

23Él les contestó: Seguro que me diréis aquel refrán: médico, sánate a ti mismo. Lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún, hazlo aquí, en tu ciudad.

24Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria.

25Ciertamente, os digo que había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado tres años y medio y hubo una gran carestía en todo el país.

26A ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta en Sidonia.

27Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno fue sanado, sino Naamán el sirio.

28Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron.

29Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo.

30Pero él, abriéndose paso entre ellos, se marchó.

31Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente.

32Estaban asombrados de su enseñanza porque hablaba con autoridad.

33Había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar:

34¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de Dios!

35Jesús le increpó diciendo: ¡Calla y sal de él! El demonio lo arrojó al medio y salió de él sin hacerle daño.

36Se quedaron todos desconcertados y comentaban entre sí: ¿Qué significa esto? Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

37Su fama se difundió por toda la comarca.

38Salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Pedro estaba con fiebre muy alta y le suplicaban que hiciera algo por ella.

39Él se inclinó sobre ella, increpó a la fiebre y se le fue. Inmediatamente se levantó y se puso a servirles.

40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban. Él ponía las manos sobre cada uno y los sanaba.

41De muchos salían demonios gritando: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Él los increpaba y no los dejaba hablar, pues sabían que era el Mesías.

42Por la mañana salió y se dirigió a un lugar despoblado. La multitud lo anduvo buscando, y cuando lo alcanzaron, lo retenían para que no se fuese.

43Pero él les dijo: También a las demás ciudades tengo que llevarles la Buena Noticia del reinado de Dios, porque para eso he sido enviado.

44Y predicaba en las sinagogas de Judea.

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