Lucas 23
Biblia del Peregrino (1993) ›1Levantándose todos a una, lo condujeron ante Pilato.
2Y empezaron la acusación: Hemos encontrado a éste agitando a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al césar y declarándose Mesías rey.
3Pilato le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le respondió: Tú lo dices.
4Pero Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: No encuentro culpa alguna en este hombre.
5Ellos insistían: Está agitando a todo el pueblo enseñando por toda Judea; empezó en Galilea y ha llegado hasta aquí.
6Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo;
7y, al saber que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que se encontraba por entonces en Jerusalén.
8Herodes se alegró mucho de ver a Jesús. Hacía tiempo que tenía ganas de verlo, por lo que oía de él, y esperaba verlo haciendo algún milagro.
9Le hizo muchas preguntas, pero él no le respondió.
10Los sumos sacerdotes y los letrados estaban allí, insistiendo en sus acusaciones.
11Herodes con sus soldados lo trataron con desprecio y burlas, y echándole encima un manto espléndido, lo remitió a Pilato.
12Aquel día Herodes y Pilato que hasta entonces habían estado enemistados, establecieron buenas relaciones.
13Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y
14les dijo: Me habéis traído a este hombre alegando que agita al pueblo. Mirad, yo lo he examinado en vuestra presencia y no encuentro en este hombre ninguna culpa de las que lo acusáis.
15Tampoco Herodes, pues me lo ha remitido y resulta que no ha cometido nada que merezca la muerte.
16Le impondré un castigo y lo dejaré libre.
17[[Por la fiesta tenía que soltarles a un preso.
18Pero ellos gritaron a una: ¡Afuera con él! Déjanos libre a Barrabás.
19Barrabás estaba preso por un motín en la ciudad y un homicidio.
20Pilato se dirigió de nuevo a ellos, intentando dejar libre a Jesús;
21pero ellos gritaban: ¡Crucifícalo, crucifícalo!
22Por tercera vez les habló: Pero, ¿qué delito ha cometido? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Le impondré un castigo y lo dejaré libre.
23Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que lo crucificara; y redoblaban los gritos.
24Entonces Pilato decretó que se hiciera lo que el pueblo pedía.
25Dejó libre al que pedían, que estaba preso por motín y homicidio, y entregó a Jesús al capricho de ellos.
26Cuando lo conducían, agarraron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
27Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres llorando y lamentándose por él.
28Jesús se volvió y les dijo: Vecinas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
29Porque llegará un día en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, los vientres que no parieron, los pechos que no criaron!
30Entonces se pondrán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a las colinas: Sepultadnos.
31Porque si así tratan al árbol lozano, ¿qué no harán con el seco?
32Conducían con él a otros dos malhechores para ejecutarlos.
33Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, los crucificaron a él y a los malhechores: uno a la derecha y otro a la izquierda.
34[[Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Después se repartieron su ropa echándola a suerte.
35El pueblo estaba mirando y los jefes se burlaban de él diciendo: Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios.
36También los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre
37y le decían: Si eres el rey de los judíos, sálvate.
38Encima de él había una inscripción que decía: Éste es el rey de los judíos.
39Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.
40Pero el otro lo reprendió diciendo: ¿No tienes temor de Dios, tú, que sufres la misma pena?
41Lo nuestro es justo, recibimos la paga de nuestros delitos; éste, en cambio, no ha cometido ningún crimen.
42Y añadió: Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí.
43Jesús le contestó: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44Era mediodía; se ocultó el sol y todo el territorio quedó en tinieblas hasta media tarde.
45El velo del santuario se rasgó por el medio.
46Jesús gritó con voz fuerte: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Dicho esto, expiró.
47Al ver lo que sucedía, el centurión glorificó a Dios diciendo: Realmente este hombre era inocente.
48Toda la multitud que se había congregado para el espectáculo, al ver lo sucedido, se volvía dándose golpes de pecho.
49Sus conocidos se mantenían a distancia, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea lo observaban todo.
50Había un hombre llamado José, natural de Arimatea, ciudad de Judea. Pertenecía al Consejo, era justo y honrado
51y no había consentido en la decisión de los otros ni en su ejecución, y esperaba el reino de Dios.
52Acudió a Pilato y le pidió el cadáver de Jesús.
53Lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca, en el que todavía no habían enterrado a nadie.
54Era el día de la preparación y estaba al caer el sábado.
55Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el sepulcro y cómo habían colocado el cadáver.
56Se volvieron, prepararon aromas y ungüentos, y el sábado guardaron el descanso de precepto.