Lucas 19
Biblia del Peregrino (1993) ›1Entró en Jericó y la fue atravesando,
2cuando un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores y muy rico,
3intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura.
4Se adelantó de una carrera y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí.
5Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: Zaqueo, baja aprisa, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa.
6Bajó a toda prisa y lo recibió muy contento.
7Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador.
8Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le restituyo cuatro veces más.
9Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán.
10Porque este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.
11Como la gente lo escuchaba, añadió una parábola; pues estaban cerca de Jerusalén y ellos creían que el reinado de Dios se iba a revelar de un momento a otro.
12Él les dijo: Un hombre noble marchó a un país lejano para ser nombrado rey y volver.
13Llamó a diez empleados suyos, les entregó mil denarios y les encargó: Negociad hasta que yo vuelva.
14Sus paisanos, que lo odiaban, enviaron tras él esta embajada: No queremos que ése sea nuestro rey.
15Volvió una vez nombrado rey y llamó a los empleados a quienes había entregado el dinero para ver cómo había negociado cada uno.
16Se presentó el primero y dijo: Señor, tu dinero ha producido diez veces más.
17Le respondió: Muy bien, empleado diligente; por haber sido fiel en lo poco, administrarás diez ciudades.
18Se presentó el segundo y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más.
19Le respondió: Pues tú administrarás cinco ciudades.
20Se presentó el tercero y dijo: Aquí tienes tu dinero, que he guardado en un pañuelo.
21Te tenía miedo porque eres riguroso: retiras lo que no has depositado, y cosechas lo que no has sembrado.
22Él le respondió: Por tu boca te condeno, empleado negligente. Sabías que soy riguroso, que retiro lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado.
23¿Por qué no pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver yo, lo cobrara con los intereses?
24Después ordenó a los presentes: Quitadle el dinero y dádselo al que consiguió diez veces más.
25Le respondieron: Señor, ya tiene diez veces más.
26Yo os digo que a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene.
27En cuanto a esos enemigos, que no querían que fuera su rey, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia.
28Dicho esto, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén.
29Cuando se acercaban a Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos discípulos
30diciéndoles: Id a la aldea de enfrente; al entrar, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado hasta ahora. Desatadlo y traedlo.
31Si alguien os pregunta para qué lo desatáis, decidle que el Señor lo necesita.
32Fueron los enviados y lo encontraron como les había dicho.
33Mientras lo desataban, los dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el borrico?
34Contestaron: Porque el Señor lo necesita.
35Se lo llevaron a Jesús, echaron sus mantos sobre el borrico y lo hicieron montar.
36Mientras avanzaba, la gente alfombraba con sus mantos el camino.
37Cuando se acercaban a la cuesta del monte de los Olivos, los discípulos en masa y alegres se pusieron a alabar en voz alta a Dios por todos los milagros que habían presenciado.
38Y decían: Bendito sea el rey que viene en nombre del Señor. Paz en el cielo, gloria al Altísimo.
39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
40Pero él respondió: Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.
41Al acercarse y divisar la ciudad, dijo llorando por ella:
42Si también tú reconocieras hoy lo que conduce a la paz. Pero eso ahora está oculto a tus ojos.
43Te llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te cercarán por todas partes.
44Te derribarán por tierra a ti y a tus hijos dentro de ti, y no te dejarán piedra sobre piedra; porque no reconociste la ocasión de la visita divina.
45Después entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes
46diciéndoles: Está escrito que mi casa es casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de asaltantes.
47A diario enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los jefes del pueblo intentaban acabar con él;
48pero no encontraban cómo hacerlo, porque el pueblo en masa estaba pendiente de sus palabras.