Lamentaciones 2
Biblia del Peregrino (1993) ›1¡Ay, el Señor nubló con su cólera a la capital, Sión! Desde el cielo arrojó por tierra la gloria de Israel, y el día de su cólera se olvidó del estrado de sus pies.
2El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá, derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes.
3Encendido en ira tronchó el vigor de Israel; al llegar el enemigo, se guardó la diestra a la espalda, y prendieron las llamas en Jacob, consumiendo todo alrededor.
4Como un enemigo, tendió el arco, aplicó la diestra y dio muerte, enemistado, a la flor de la juventud, y en las tiendas de Sión derramó como fuego su furor.
5El Señor se portó como enemigo, destruyendo a Israel: derribó todos sus palacios, arrasó sus plazas fuertes, y en la capital de Judá multiplicó duelos y lamentos.
6Como un salteador, destruyó la tienda, arrasó el lugar de la asamblea, el Señor dio al olvido en Sión sábados y fiestas, indignado y furioso rechazó al rey y al sacerdote.
7El Señor repudió su altar, desechó su santuario, entregó en manos enemigas los muros de sus palacios; y gritaban en el templo del Señor, como en día de fiesta.
8El Señor determinó arrasar las murallas de Sión: tendió la plomada y no retiró la mano que derribaba; muros y baluartes se lamentaban al desmoronarse juntos.
9Hundió en la tierra las puertas, rompió los cerrojos. Rey y príncipes estaban entre los gentiles. No había ley. Y los profetas ya no recibían visiones del Señor.
10Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza.
11Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas, se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo, muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad.
12Preguntaban a sus madres: ¿dónde hay pan y vino?, mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.
13¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén?, ¿a quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá sanarte?
14Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
15Los que van por el camino se frotan las manos al verte, silban y menean la cabeza contra la ciudad de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad más hermosa, la alegría de toda la tierra?
16Todos tus enemigos se burlaron de ti a carcajadas, silbaron y rechinaron los dientes diciendo: La hemos arrasado; éste es el día que esperábamos: lo hemos conseguido y lo estamos viendo.
17El Señor ha realizado su designio, ha cumplido la palabra que había pronunciado hace tiempo: ha destruido sin compasión; ha exaltado el poder del adversario, le ha dado el gozo de la victoria.
18Grita con toda el alma al Señor; laméntate, Sión, derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche, no te concedas reposo, no descansen tus ojos.
19Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia, derrama como agua tu corazón en presencia del Señor, levanta hacia él las manos, por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.
20Mira, Señor, fíjate: ¿a quién has tratado así? ¿Cuándo las mujeres se han comido a sus hijos, a sus hijos tiernos? ¿Cuándo han asesinado en el templo del Señor a sacerdotes y profetas?
21En las calles están tendidos por el suelo muchachos y ancianos, mis jóvenes y mis doncellas cayeron a filo de espada; el día de tu ira diste muerte, mataste sin compasión.
22Convocaste, como para una fiesta, terrores que me cercan: el día de tu ira nadie pudo salvarse ni escapar. A los que yo crié y alimenté los aniquiló el enemigo.