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Juan 12

Biblia del Peregrino (1993)

1Seis días antes de la Pascua Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado de la muerte.

2Le ofrecieron un banquete. Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.

3María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió con ello los pies a Jesús y se los enjugó con los cabellos. La casa se llenó del olor del perfume.

4Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:

5¿Por qué no han vendido ese perfume en trescientos denarios para repartirlos a los pobres?

6--lo decía no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón; y, como llevaba la bolsa, sustraía de lo que ponían en ella--.

7Jesús contestó: Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura.

8A los pobres los tendréis siempre entre vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.

9Un gran gentío de judíos supo que estaba allí y acudieron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de la muerte.

10Los sumos sacerdotes habían decidido dar muerte también a Lázaro,

11pues por su causa muchos judíos iban y creían en Jesús.

12Al día siguiente, un gran gentío que había llegado para la fiesta, al enterarse de que Jesús se dirigía a Jerusalén,

13tomaron ramas de palma y salieron a su encuentro gritando: ¡Hosana, bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!

14Jesús encontró un borrico y montó en él; como está escrito:

15No temas, joven Sión: mira que llega tu rey cabalgando una cría de borrica.

16Esto no lo entendieron los discípulos entonces. Pero, cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que todo lo que le había sucedido era lo que estaba escrito acerca de él.

17La gente que había asistido cuando llamó a Lázaro y lo resucitó de la muerte contaba el hecho.

18Por eso la gente salió a su encuentro, al escuchar la señal que había realizado.

19En cambio, los fariseos comentaban entre sí: Ya veis que así nada adelantamos; todo el mundo se va con él.

20Había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta.

21Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: Señor, queremos ver a Jesús.

22Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús.

23Jesús les contesta: Ha llegado la hora de que este Hombre sea glorificado.

24Os aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

25El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna.

26El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre.

27Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir? ¿Que mi Padre me libre de este trance? No; que para eso he llegado a este trance.

28Padre, da gloria a tu Nombre. Vino una voz del cielo: Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.

29La gente que estaba escuchando decía: Ha sido un trueno. Otros decían: Le ha hablado un ángel.

30Jesús respondió: Esa voz no ha sonado por mí, sino por vosotros.

31Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado.

32Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí

33--lo decía indicando de qué muerte iba a morir--.

34La gente le contestó: Hemos oído en la ley que el Mesías permanecerá para siempre; ¿cómo dices tú que aquel Hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es ese Hombre?

35Jesús les dijo: Aún os queda un poco de luz. Mientras tenéis luz, caminad, para que no os sorprendan las tinieblas. Quien camina a oscuras no sabe adónde va.

36Mientras tenéis luz, creed en la luz para estar iluminados. Así habló Jesús; después se apartó de ellos y se escondió.

37A pesar de las muchas señales que había realizado en su presencia no creían en él.

38Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor?

39Así que no podían creer, como dice también Isaías:

40Él ha cegado sus ojos, y ha endurecido su mente: para que sus ojos no vean y su mente no entienda, para que no se conviertan, de modo que yo los sane.

41Eso dijo Isaías porque vio su gloria y habló de él.

42Con todo, muchos creyeron en él, aún entre los jefes; pero por miedo a los fariseos no lo confesaban, para que no los expulsaran de la sinagoga.

43Prefirieron la fama de los hombres a la que viene de Dios.

44Jesús exclamó: Quien cree en mí, no es que crea en mí, sino en aquel que me envió;

45y quien me ve, ve al que me envió.

46Yo he venido al mundo como luz, para que quien crea en mí no se quede a oscuras.

47Al que escucha mis palabras y no las cumple yo no lo juzgo; pues no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo.

48Quien me desprecia y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he dicho lo juzgará el último día.

49Porque yo no hablé por mi cuenta; el Padre que me envió me encarga lo que debo decir y hablar.

50Y sé que su encargo es vida eterna. Lo que digo lo digo como me lo ha dicho el Padre.

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