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Josué 22

Biblia del Peregrino (1993)

1Entonces Josué llamó a los de Rubén, a los de Gad y a la mitad de la tribu de Manasés,

2y les dijo: Obedecisteis las órdenes de Moisés, siervo del Señor, y a mí también me habéis obedecido en lo que os he mandado;

3no habéis abandonado a vuestros hermanos desde hace muchos años; habéis cumplido las órdenes que os dio el Señor, vuestro Dios.

4Pues bien, el Señor, vuestro Dios, ha dado ya el descanso a vuestros hermanos, como les había prometido. Así que vosotros marchaos a casa, a la tierra de vuestra propiedad, la que os dio Moisés, siervo del Señor, en Transjordania.

5Cumplid a la letra los mandatos y leyes que os dio Moisés, siervo del Señor: amar al Señor, vuestro Dios, caminar por sus sendas, cumplir sus mandamientos y adherirse a él, sirviéndole con todo el corazón y toda el alma.

6Josué los bendijo y los despidió. Ellos marcharon a sus casas.

7Moisés había dado tierras en Basán a media tribu de Manasés; a la otra media tribu Josué le dio tierras en medio de sus hermanos, en Cisjordania. También a éstos los bendijo y los despidió diciéndoles:

8Volved a casa llenos de riquezas, con rebaños abundantes, con plata y oro, con bronce y hierro y ropa abundante. Repartid con vuestros hermanos el botín tomado al enemigo.

9Los de Rubén, los de Gad y los de la media tribu de Manasés dejaron a los israelitas en Siló de Canaán y emprendieron la marcha hacia el país de Galaad, la tierra de su propiedad, que Moisés les había entregado por orden del Señor.

10Fueron a la zona del Jordán, en Canaán, y levantaron allí un altar junto al Jordán, un altar grande, bien visible.

11Los israelitas se enteraron de que los de Rubén, los de Gad y los de la media tribu de Manasés habían levantado un altar frente al país de Canaán, en la zona del Jordán, al margen del territorio israelita,

12y reunieron la asamblea en Siló, para ir a luchar contra ellos.

13Los israelitas les enviaron a los de Rubén, a los de Gad y a los de la media tribu de Manasés, que estaban en el país de Galaad, a Fineés, hijo del sacerdote Eleazar,

14con diez notables, uno por cada tribu de Israel, cabezas de familia.

15Se presentaron a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, del país de Galaad, y les dijeron:

16Así dice la asamblea del Señor: ¿Qué pecado es ése que habéis cometido contra el Dios de Israel, apostatando hoy del Señor, haciéndoos un altar, rebelándoos contra el Señor?

17¡Como si no nos bastara el crimen de Fegor, que no hemos logrado borrar de nosotros hasta hoy, y eso que vino un castigo a la comunidad del Señor!

18¡Vosotros habéis apostatado hoy del Señor! Y por rebelaros vosotros hoy contra el Señor, mañana estará encolerizado contra toda la comunidad de Israel.

19Si la tierra que os ha tocado está contaminada, pasaos a la propiedad del Señor, en la que está su santuario, y elegid una propiedad entre nosotros. Pero, ¡no os rebeléis contra el Señor, no nos hagáis cómplices de vuestra rebeldía levantando un altar aparte del altar oficial del Señor, nuestro Dios!

20Cuando Acán, hijo de Zéraj, pecó con lo consagrado, él pereció por su pecado; pero la ira de Dios alcanzó a toda la comunidad de Israel, y eso que se trataba de uno sólo.

21Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés respondieron a los cabezas de familia de Israel:

22¡El Señor, Dios de los dioses; el Señor, Dios de los dioses, lo sabe bien, y que Israel lo sepa! Si ha habido rebelión o pecado contra el Señor, que nos castigue hoy mismo.

23Si hemos hecho un altar para apostatar del Señor, para ofrecer en él holocaustos, presentar ofrendas y hacer sacrificios de comunión, que el Señor nos pida cuentas.

24Pero no. Lo hicimos con esta preocupación: el día de mañana vuestros hijos dirán a los nuestros: ¿Qué tenéis que ver vosotros con el Señor, Dios de Israel?

25El Señor puso el Jordán como frontera entre nosotros y vosotros, los de Rubén y los de Gad. ¡No tenéis parte con el Señor! Y así vuestros hijos alejarán a los nuestros del culto del Señor.

26Entonces nos dijimos: Vamos a hacernos un altar no para ofrecer holocaustos ni sacrificios de comunión,

27sino como testimonio entre vosotros y nosotros con nuestros sucesores de que seguiremos dando culto al Señor en su templo con nuestros holocaustos y sacrificios de comunión. Que el día de mañana no digan vuestros hijos a los nuestros: No tenéis nada que ver con el Señor.

28Nos dijimos: Si el día de mañana nos dicen algo a nosotros y a nuestros sucesores, les diremos: Fijaos en la forma de ese altar del Señor que hicieron nuestros padres: no sirve para holocaustos ni sacrificios de comunión, sino como testimonio entre vosotros y nosotros.

29Ni pensar en rebelarnos contra el Señor ni en apostatar hoy del Señor levantando un altar para ofrecer holocaustos, presentar ofrendas y sacrificios de comunión fuera del altar del Señor, nuestro Dios, que está en su santuario.

30Cuando el sacerdote Fineés, los notables de la comunidad y los cabezas de familia israelitas que lo acompañaban oyeron la explicación de los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, les pareció bien.

31Y Fineés, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés: Ahora sabemos que el Señor está entre nosotros, porque no habéis cometido ese pecado contra él. Habéis librado a los israelitas del castigo del Señor.

32Luego el sacerdote Fineés, hijo de Eleazar, y los notables dejaron a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés en el país de Galaad, y se volvieron al país de Canaán, a los israelitas, y les informaron de lo ocurrido.

33El informe convenció a los israelitas. Bendijeron al Señor, Dios de Israel, y no se habló más de subir contra ellos en plan de guerra para asolar la zona donde se habían instalado los rubenitas y los gaditas.

34Éstos llamaron a aquel altar: Altar del Testimonio, explicando: Nos servirá de testimonio de que el Señor es Dios.

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