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Job 9

Biblia del Peregrino (1993)

1Respondió Job:

2Sé muy bien que es así: que el hombre no lleva razón contra Dios.

3Aunque pretenda pleitear con él, no le responderá de mil razones una.

4Sabio de mente, rico de fuerza, ¿quién le resiste y queda ileso?

5Él desplaza las montañas de improviso y las vuelca con su cólera;

6estremece la tierra en sus cimientos y sus columnas retiemblan;

7manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas;

8él solo despliega el cielo y camina sobre el dorso del mar;

9creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur;

10hace prodigios incomprensibles, maravillas sin cuento.

11Si cruza junto a mí, no lo veo, pasa rozándome y no lo siento.

12Si agarra una presa, ¿quién se la quitará?, ¿quién podrá decirle: Qué estás haciendo?

13Dios no cede en su enojo, bajo él se encorvan las legiones del Caos.

14¡Cuánto menos podré yo replicarle o buscar argumentos contra él!

15Aunque tuviera yo razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario;

16aunque lo citara para que me respondiera, no creo que me hiciera caso;

17me arrollaría con la tormenta y me heriría mil veces sin motivo;

18no me dejaría ni tomar aliento, me saciaría de amargura.

19Si se trata de fuerza y poderío, ahí están; pero si se trata de derecho, ¿quién me cita a mí?

20Aunque tuviera yo razón me condenaría, aunque fuera inocente, me declararía perverso.

21Soy inocente; no me importa la vida, desprecio la existencia;

22pero es lo mismo os lo juro : Dios acaba con inocentes y culpables.

23Si una calamidad siembra muerte repentina, él se burla de la desgracia del inocente;

24deja la tierra en poder de los malvados y venda los ojos a sus gobernantes: ¿quién sino él lo hace?

25Mis días corren más que un correo y se escapan sin probar la dicha;

26se deslizan como lanchas de papiro, como águila que se abate sobre la presa.

27Y si me digo: Olvidaré mi aflicción, pondré buena cara,

28temo toda clase de desgracias, sabiendo que no me absolverá.

29Y si soy culpable, ¿para qué fatigarme en vano?

30Aunque me frotara con jabón y me lavara las manos con lejía,

31me hundirías en el fango y mis vestidos me darían asco.

32Dios no es un hombre como yo para decirle: Vamos a comparecer en juicio.

33No hay un árbitro entre nosotros que pueda poner la mano sobre ambos

34y apartar de mí su vara, para que no me enloquezca con su terror.

35Así hablaría sin miedo; de lo contrario no soy dueño de mí mismo.

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