Job 6
Biblia del Peregrino (1993) ›1Respondió Job:
2Si pudiera pesarse mi aflicción y juntarse en la balanza mis desgracias,
3serían más pesadas que la arena; por eso desvarían mis palabras.
4Llevo clavadas las flechas del Todopoderoso y siento cómo absorbo su veneno, los terrores de Dios se han desplegado contra mí.
5¿Rebuzna el asno salvaje ante la hierba?, ¿muge el buey ante el forraje?,
6¿va uno a comer sin sal lo desabrido o a encontrarle gusto al jugo de la malva?
7Lo que me daba asco es ahora mi alimento repugnante.
8Ojalá se cumpla lo que pido y Dios me conceda lo que espero:
9que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón mi trama.
10Sería un consuelo para mí: aun torturado sin piedad, saltaría de gozo, por no haber renegado de las palabras del Santo.
11¿Qué fuerzas me quedan para resistir?, ¿qué destino espero para tener paciencia?
12¿Es mi fuerza la fuerza de las rocas o es de bronce mi carne?
13Ya no encuentro apoyo en mí y la suerte me abandona.
14Para el enfermo es la lealtad de los amigos aunque olvide el temor del Todopoderoso;
15pero mis hermanos me traicionan como un torrente, como una torrentera cuando cesa el caudal:
16bajan turbios del ventisquero en el cual se esconde la nieve;
17pero con el primer calor se secan y en la canícula desaparecen de su cauce;
18cambian las sendas de su curso, se adentran en el desierto y desaparecen.
19Las caravanas de Temá los buscan y las recuas de Sabá cuentan con él;
20pero queda burlada su esperanza y al llegar se ven decepcionados.
21Igual vosotros, os habéis vuelto nada, veis algo terrible y sentís miedo.
22¿Os he pedido que soltéis por mí, algún soborno de vuestro bolsillo,
23que me libréis de mi adversario y me rescatéis de un poder tiránico?
24Instruidme, que guardaré silencio; hacedme ver en qué me he equivocado.
25¡Qué persuasivas son las razones verdaderas! Pero, ¿qué prueban vuestras pruebas?
26¿Pretendéis refutar mis palabras, cuando lo que dice un desesperado es viento?
27¡Seríais capaces de sortearos un huérfano y tratar el precio de un amigo!
28Ahora miradme atentamente: juro no mentir en vuestra cara.
29Sigamos, por favor, pero sin maldad; sigamos, que está en juego mi inocencia.
30¿Hay maldad en mis labios?, ¿no pondera mi boca las palabras?