Job 29
Biblia del Peregrino (1993) ›1Job siguió entonando sus versos y dijo:
2¡Quién me diera volver a los viejos días cuando Dios velaba sobre mí,
3cuando su lámpara brillaba encima de mi cabeza y a su luz cruzaba las tinieblas!
4¡Aquellos días de mi otoño, cuando Dios era un íntimo en mi tienda,
5el Todopoderoso estaba conmigo y me rodeaban mis hijos!
6Lavaba mis pies en leche, la roca se me derretía en ríos de aceite.
7Cuando salía a la puerta de la ciudad y tomaba asiento en la plaza,
8los jóvenes al verme se escondían, los ancianos se levantaban y se quedaban de pie,
9los jefes se abstenían de hablar tapándose la boca con la mano;
10se quedaban sin voz los notables y se les pegaba la lengua al paladar.
11Oído que me oía me felicitaba, ojo que me veía me aprobaba.
12Yo libraba al pobre que pedía socorro y al huérfano indefenso,
13recibía la bendición del vagabundo y alegraba el corazón de la viuda;
14de justicia me vestía y revestía, el derecho era mi manto y mi turbante.
15Yo era ojos para el ciego, era pies para el cojo,
16yo era el padre de los pobres y examinaba la causa del desconocido.
17Le rompía las mandíbulas al inicuo para arrancarle la presa de los dientes.
18Y pensaba: Moriré dentro de mi nido, con días incontables como la arena.
19Mis raíces alcanzaban hasta el agua y el rocío se posaba en mi ramaje;
20mi prestigio se renovaba conmigo y mi arco se reforzaba en mi mano.
21Me escuchaban expectantes, atentos en silencio a mi consejo;
22después de hablar yo, no añadían nada, mis palabras goteaban sobre ellos,
23las esperaban como lluvia temprana, se las bebían como lluvia tardía;
24al verme sonreír, apenas lo creían, y no se perdían un destello de mi rostro.
25Escogía su camino, me sentaba a la cabeza, instalado como un rey entre su escolta. Yo guiaba y se dejaban conducir.