Isaías 47
Biblia del Peregrino (1993) ›1Baja, siéntate en el polvo, joven Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, capital de los caldeos, que ya no te volverán a llamar blanda y refinada.
2Agarra un molino, muele harina, quítate el velo, alza las faldas, descubre el muslo, vadea los canales,
3aparezca tu desnudez, véanse tus vergüenzas. Tomaré venganza inexorable.
4Nuestro redentor, que se llama el Señor Todopoderoso, el Santo de Israel, dice:
5Siéntate y calla, entra en las tinieblas, capital de los caldeos, que ya no te llamarán Emperatriz.
6Airado contra mi pueblo, profané mi heredad, la entregué en tus manos: no tuviste compasión de ellos, abrumaste con tu yugo a los ancianos,
7diciéndote: Seré señora por siempre jamás, sin considerar esto, sin pensar en el desenlace.
8Pues ahora escúchalo, lasciva, que reinabas confiada, que te decías: Yo y nadie más. No me quedaré viuda, no perderé a mis hijos.
9Las dos cosas te sucederán, de repente en un solo día: viuda y sin hijos te verás a la vez, a pesar de tus muchas brujerías y del gran poder de tus sortilegios.
10Tú te sentías segura en tu maldad, diciéndote: Nadie me ve; tu sabiduría y tu ciencia te han trastornado, mientras pensabas: Yo y nadie más.
11Pues vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar, caerá sobre ti un desastre del que no te podrás librar; vendrá sobre ti de repente una catástrofe que no te imaginabas.
12Insiste en tus sortilegios, en tus muchas brujerías, que han sido tu tarea desde joven; quizá te aprovechen, quizá los espantes.
13Estás harta de consejos: que se levanten y te salven los que conjuran el cielo, los que observan las estrellas, los que pronostican cada mes lo que te va a suceder.
14Míralos convertidos en paja: el fuego los consume y no pueden librarse del poder de las llamas; ni siquiera son brasas para calentarse ni hogar para sentarse enfrente.
15En eso han terminado aquellos con quienes traficabas, con quien te atareabas desde joven: cada uno se pierde por su lado, y no hay quien te salve.