Isaías 34
Biblia del Peregrino (1993) ›1Acercaos, pueblos, a escuchar; naciones, atended; escuche la tierra y los que la llenan, el orbe y cuanto produce;
2porque el Señor está airado con todas las naciones, enojado con todos sus ejércitos; los consagra al exterminio, los entrega a la matanza.
3Sus muertos son arrojados y de los cadáveres se levanta el hedor, los montes chorrean sangre
4y los valles se resquebrajan, el cielo se enrolla como un pliego y se marchitan sus ejércitos, como se alacian los pámpanos, como se alacia la hoja de la higuera.
5Porque la espada del Señor se embriaga en el cielo: miradla bajar hacia Edom para ejecutar a un pueblo proscrito.
6La espada del Señor chorrea sangre, está grasienta de sebo, sangre de corderos y machos cabríos, sebo de entrañas de carneros. Porque el Señor hace carnicería en Bosra, gran matanza en Edom;
7y caen juntos búfalos con toros y novillos. Se empapa la tierra de su sangre, el polvo está grasiento de su sebo;
8porque es el día de la venganza del Señor, año de desquite para la causa de Sión.
9Sus torrentes se transforman en pez y el polvo en azufre, su territorio se vuelve pez ardiente,
10que no se apaga de día ni de noche, y su humareda sube perpetuamente; de edad en edad seguirá desolada, por siglos de siglos nadie la transitará.
11Se adueñan de ella la corneja y el erizo, la lechuza y el cuervo la habitan. El Señor le aplica la plomada del caos y el nivel del vacío;
12y no queda nombre con que llamar a su reino, sus jefes vuelven a la nada.
13En sus palacios crecen espinos; en sus torreones, cardos y ortigas; se convierte en cubil de chacales, en guarida de avestruces;
14se reúnen hienas y gatos salvajes, el chivo llama a su compañero, allí descansa el búho y encuentra dónde posarse;
15allí anida la serpiente, pone, incuba y empolla sus huevos; allí se juntan los buitres y no falta el macho a la hembra.
16Estudiad el libro del Señor: ni uno solo de ellos falta, porque lo ha mandado la boca del Señor y su aliento los ha reunido.
17Echa la suerte para ellos y su mano les reparte a cordel el país: lo poseerán para siempre, de edad en edad lo habitarán.