Isaías 1
Biblia del Peregrino (1993) ›1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de Ozías, de Yotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá.
2Oíd, cielos; escucha, tierra; que habla el Señor: Hijos he criado y educado, y ellos se han rebelado contra mí.
3Conoce el buey a su amo, y el asno el pesebre del dueño; Israel no conoce, mi pueblo no recapacita.
4¡Ay gente pecadora, pueblo cargado de culpas, raza de malvados, hijos degenerados! Han abandonado al Señor, han despreciado al Santo de Israel.
5¿Dónde seguiros hiriendo, si acumuláis delitos? La cabeza es una llaga, el corazón está agotado,
6de la planta del pie a la cabeza no queda parte ilesa: llagas, cardenales, heridas recientes, no exprimidas ni vendadas, ni aliviadas con ungüento.
7Vuestra tierra, devastada; vuestras ciudades, incendiadas; vuestros campos, ante vosotros, los devoran extranjeros. ¡Devastación como en la catástrofe de Sodoma!
8Y Sión, la capital, ha quedado como cabaña de viñedo, como choza de melonar, como ciudad sitiada.
9Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra.
10Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? dice el Señor . Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me agrada.
12Cuando entráis a visitarme y pisáis mis atrios. ¿quién exige algo de vuestras manos?
13No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas... no aguanto reuniones y crímenes.
14Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más.
15Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre.
16Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.
17Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.
18Entonces, venid, y litigaremos dice el Señor. Aunque sean vuestros pecados como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.
19Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis;
20si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.
21¡Cómo se ha vuelto una ramera la Villa Fiel! Antes llena de derecho, morada de justicia; ahora de criminales.
22Tu plata se ha vuelto escoria, tu vino está aguado,
23tus jefes son bandidos, socios de ladrones: todos amigos de sobornos, en busca de regalos. No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda.
24Pues bien oráculo del Señor de los ejércitos, Paladín de Israel : tomaré venganza de mis enemigos, satisfacción de mis adversarios.
25Volveré mi mano contra ti: para limpiarte de escoria en el crisol y apartarte la ganga;
26te daré jueces como los antiguos, consejeros como los de antaño: entonces te llamarás Ciudad Justa, Villa Fiel.
27Sión será redimida con el derecho, los repatriados con la justicia.
28Vendrá la ruina para rebeldes y pecadores juntos, los que abandonan al Señor perecerán.
29Os avergonzaréis de las encinas que amabais, os sonrojaréis de los jardines que elegíais.
30Seréis como encina de hojas secas, como jardín sin agua.
31El poderoso será la estopa, su obra será la chispa: arderán los dos juntos y no habrá quien los apague.