Biblia
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Hechos 5

Biblia del Peregrino (1993)

1Un tal Ananías, con la connivencia de su mujer Safira, vendió una posesión,

2se quedó con parte del dinero, llevó lo restante y lo depositó a los pies de los apóstoles.

3Pedro le dijo: Ananías, ¿cómo es que Satanás te ha impulsado a mentir al Espíritu Santo quedándote con parte del precio del campo?

4¿No podías conservarlo? O, si lo vendías, ¿no podías quedarte con el precio? ¿Qué te movió a proceder así? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

5Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto y los que lo oyeron se atemorizaron.

6Fueron unos muchachos, lo cubrieron y lo llevaron a enterrar.

7Unas tres horas más tarde llegó su esposa sin saber lo sucedido.

8Pedro le dirigió la palabra: Dime, ¿vendisteis el campo a este precio? Sí contestó .

9Pedro replicó: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que han enterrado a tu marido están a la puerta para llevarte también a ti.

10Al punto cayó muerta a sus pies. Entraron los muchachos y la encontraron muerta; la sacaron y la enterraron junto a su marido.

11Toda la Iglesia y cuantos se enteraron quedaron espantados.

12Por mano de los apóstoles sucedían muchas señales y milagros entre el pueblo. Todos de común acuerdo acudían al pórtico de Salomón;

13de los extraños nadie se atrevía a juntarse con ellos aunque el pueblo los elogiaba.

14Se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor, hombres y mujeres;

15hasta el punto de que sacaban los enfermos a la calle y los colocaban en literas y camillas, para que al pasar Pedro, al menos su sombra los cubriera.

16También los vecinos de los alrededores de Jerusalén llevaban enfermos y poseídos de espíritus inmundos, y todos se sanaban.

17Entonces el sumo sacerdote y los suyos, es decir, el partido saduceo, llenos de celos,

18echaron mano a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública.

19De noche el ángel del Señor les abrió las puertas, los sacó de la prisión y les encargó:

20Marchad y de pie en el templo explicad al pueblo la doctrina de este modo de vida.

21Oído lo cual, se dirigieron de mañana, muy temprano, al templo y se pusieron a enseñar. Se presentó el sumo sacerdote con los suyos, convocaron el Consejo y el senado en pleno de los israelitas, y enviaron gente a la cárcel para traerlos.

22Llegaron los alguaciles y no los encontraron en la prisión y volvieron

23con este informe: Encontramos la cárcel asegurada con cerrojos, los guardias en pie a la puerta; abrimos y no encontramos a nadie dentro.

24Al oír el informe, el comisario del templo y los sumos sacerdotes estaban perplejos, sin entender lo que había sucedido.

25Se presentó uno y anunció: Los hombres que habíais encarcelado están en el templo instruyendo al pueblo.

26Entonces el comisario del templo con sus alguaciles los condujeron sin violencia, pues temían que el pueblo los apedrease.

27Los condujeron y los presentaron al Consejo. El sumo sacerdote los interrogó:

28Os habíamos ordenado no enseñar mencionando ese nombre, y vosotros habéis llenado Jerusalén de vuestra doctrina y queréis hacernos responsables de la muerte de ese hombre.

29Pedro y los apóstoles replicaron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

30El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, a quien vosotros ejecutasteis colgándolo de un madero.

31A él, Dios lo ha exaltado a su derecha, nombrándolo jefe y salvador, para ofrecer a Israel el arrepentimiento y el perdón de los pecados.

32De estos hechos, nosotros somos testigos con el Espíritu Santo que Dios concede a los que creen en él.

33Exasperados al oírlo, deliberaban condenarlos a muerte,

34cuando en el Consejo se levantó un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, muy estimado de todo el pueblo. Ordenó que hicieran salir a los acusados

35y se dirigió a la asamblea: Israelitas, mucho cuidado con lo que vais a hacer con estos hombres.

36Hace algún tiempo surgió Teudas diciendo que era todo un personaje, y le siguieron unos cuatrocientos hombres. Lo mataron y todos sus secuaces se dispersaron y acabaron en nada.

37Más tarde, durante el censo, surgió Judas el Galileo y arrastró gente del pueblo tras sí. También él pereció y todos sus partidarios se desparramaron.

38Pues ahora os aconsejo que no os metáis con esos hombres, sino que los dejéis en paz, porque si el proyecto o la ejecución fuera cosa de hombres, fracasará;

39pero si es cosa de Dios, no podréis destruirlos y estaréis luchando contra Dios. Le hicieron caso,

40llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los despidieron.

41Ellos se marcharon del tribunal contentos de haber sido considerados dignos de sufrir desprecios por el nombre de Jesús.

42Y no cesaban todo el día, en el templo o en casa, de enseñar y anunciar la Buena Noticia del Mesías Jesús.

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