Hechos 27
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando se decidió que navegáramos hacia Italia, encomendaron a Pablo y a otros presos a un centurión llamado Julio, de la cohorte Augusta.
2Nos embarcamos en una nave de Adrumeto, que iba a partir hacia los puertos de Asia y zarpamos. Nos acompañaba Aristarco, un macedonio de Tesalónica.
3Al día siguiente arribamos a Sidón, y Julio, por consideración a Pablo, le permitió que se dirigiera a sus amigos para que cuidaran de él.
4Zarpando de Sidón, costeamos Chipre, porque el viento era contrario.
5Después, atravesando mar abierto a lo largo de Cilicia y Panfilia, desembarcamos en Mira de Licia.
6Allí encontró el centurión una nave de Alejandría que navegaba a Italia y nos embarcó en ella.
7Por varios días avanzamos poco y nos costó llegar a Cnido; como el viento no era favorable, costeamos Creta a lo largo de Salmona,
8y pegados a la costa alcanzamos con dificultad un lugar llamado Puerto Bueno, próximo a la ciudad de Lasaya.
9Allí perdimos bastante tiempo y, como pasada la temporada del ayuno, la navegación se volvía peligrosa, Pablo aconsejó:
10Observo, señores, que la navegación va a acarrear peligros y pérdidas, no sólo a la carga y a la embarcación, sino a nuestras vidas.
11Pero el centurión se fió del timonel y del patrón del barco más que de Pablo.
12Como el puerto no era apto para invernar, la mayoría prefería hacerse a la mar, con la esperanza de alcanzar e invernar en Fénix, un puerto de Creta orientado a noroeste y suroeste.
13Se levantó un viento sur, y pensando que el plan era realizable, levaron anclas y costearon de cerca Creta.
14Muy pronto, del lado de la isla, se desató un viento huracanado que llaman Aquilón.
15Se hizo con la nave, y como no podíamos navegar contra el viento, nos dejamos llevar de él.
16Pasando a gran velocidad al abrigo de un islote llamado Clauda, logramos controlar el bote.
17Lo izaron a bordo y aseguraron la embarcación con maromas.
18Por temor a encallar en las Sirtes, soltamos los flotadores y navegamos a la deriva. Al día siguiente, como la tormenta arreciaba, empezaron a aligerar la nave;
19al tercer día, con sus propias manos, se deshicieron del aparejo del barco.
20Durante varios días no se vio el sol ni las estrellas, y como la tormenta no amainaba, se acababa toda esperanza de salvación.
21Llevábamos días sin comer cuando Pablo se puso de pie en medio y dijo: Amigos, teníais que haberme hecho caso y no salir de Creta, ahorrándoos tales peligros y pérdidas.
22Pero ahora, os exhorto a tener ánimo, que no se perderá ninguna vida; sólo la embarcación.
23Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y venero
24y me dijo: No temas, Pablo; tienes que comparecer ante el emperador; Dios te concede la vida de los que viajan contigo.
25Por tanto, ¡ánimo, amigos! Confío en Dios que sucederá lo que me han dicho.
26Encallaremos en una isla.
27Era ya la decimocuarta noche y seguíamos a la deriva por el Adriático. A medianoche los marineros presintieron que nos acercábamos a tierra.
28Descolgaron la sonda y midieron veinte brazas; al poco rato la soltaron de nuevo y midieron quince brazas.
29Temiendo estrellarse contra los arrecifes, soltaron cuatro anclas a popa y rezaban para que se hiciese de día.
30Los marineros intentaban abandonar el barco. Ya descolgaban el bote so pretexto de soltar anclas a proa,
31cuando Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si ésos no se quedan en el barco, vosotros no os salvaréis.
32Así que los soldados cortaron las cuerdas del bote y lo dejaron caer al mar.
33Cuando amanecía, Pablo invitó a todos a comer algo: Lleváis catorce días aguardando y sin comer nada;
34os aconsejo que comáis algo porque en ello os va la vida. No perderéis ni un pelo de la cabeza.
35Dicho esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer.
36Se animaron todos y comieron.
37Éramos en la nave doscientas setenta y seis personas.
38Comieron hasta saciarse y después vaciaron el barco arrojando el grano al mar.
39Se hizo de día. Los marineros no reconocían la tierra, pero distinguieron una ensenada con una playa, y decidieron como pudieran varar la nave allá.
40Soltaron las anclas y las dejaron caer al mar, a la vez que aflojaban las correas del timón; izaron la vela de popa a favor del viento y enfilaron hacia la playa.
41Pero, al pasar entre dos corrientes la nave se encalló, la proa se hincó y quedó inmóvil y la popa se deshizo por la violencia del oleaje.
42Los soldados decidieron matar a los presos para que ninguno escapase a nado;
43pero el capitán, queriendo salvar la vida a Pablo, se lo impidió y ordenó que los que sabían nadar saltaran los primeros y ganaran tierra.
44Los demás seguirían en tablones o en otras piezas de la nave. De ese modo todos llegaron con vida a tierra.