Hechos 20
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a los discípulos, los animó, se despidió y emprendió el viaje hacia Macedonia.
2Atravesó aquella región animando a los hermanos con muchos discursos, hasta que llegó a Grecia.
3Allí se detuvo tres meses y, cuando se disponía a embarcarse para Siria, se enteró de que los judíos habían hecho planes contra él, de modo que decidió volver por tierra atravesando Macedonia.
4Lo acompañaron [hasta Asia Sópatro, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo de Tesalónica; Gayo de Derbe y Timoteo; Tíquico y Trófimo de Asia.
5Éstos se adelantaron y nos esperaban en Tróade.
6Pasada la semana de los Ázimos zarpamos nosotros de Filipos y a los cinco días los alcanzamos en Tróade, donde nos quedamos siete días.
7Un domingo que nos reunimos para la fracción del pan, Pablo, que debía partir al día siguiente, se puso a hablar y prolongó el discurso hasta media noche.
8Había bastantes lámparas en el piso superior donde estábamos reunidos.
9Un muchacho llamado Eutico, estaba sentado en el alfeizar de la ventana. Mientras Pablo hablaba y hablaba, le fue venciendo el sueño, hasta que vencido por completo, se cayó del tercer piso al suelo, donde lo recogieron muerto.
10Pablo bajó, se echó sobre él, lo abrazó y dijo: No os asustéis que aún está vivo.
11Después subió, partió el pan y comió. Estuvo conversando hasta la aurora y entonces se marchó.
12En cuanto al muchacho lo llevaron vivo y todos se sintieron muy consolados.
13Nosotros nos dirigimos al barco y zarpamos para Aso, donde debíamos recoger a Pablo. Eso era lo convenido ya que él hacía el viaje a pie.
14Cuando nos alcanzó en Aso, se embarcó con nosotros y nos dirigimos a Mitilene.
15Zarpamos de allí y al día siguiente llegamos frente a Quíos, al otro día pasamos Samos y al siguiente llegamos a Mileto.
16Pablo tenía decidido pasar de largo por Éfeso, para no retrasarse tanto en Asia. Pues, si era posible, tenía prisa por llegar a Jerusalén en Pentecostés.
17Desde Mileto envió un recado a Éfeso convocando a los ancianos de la comunidad.
18Cuando llegaron les dijo: Vosotros sabéis que desde el primer día que pisé Asia, he pasado todo el tiempo con vosotros
19sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en todas las pruebas que me han procurado las intrigas de los judíos.
20No he omitido nada útil para predicaros e instruiros, en público y en vuestras casas.
21A judíos y griegos les he inculcado el arrepentimiento frente a Dios y la fe en nuestro Señor Jesús.
22Ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén sin saber lo que allí me sucederá.
23Sólo sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me asegura que me esperan cadenas y persecuciones.
24Pero no aprecio en nada la vida, con tal de completar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios.
25Pues bien, sé que no volveréis a verme vosotros, cuyo territorio he atravesado proclamando el reino.
26Por eso os declaro hoy que no soy responsable de la muerte de ninguno,
27pues no me he abstenido de anunciar el designio completo de Dios.
28Cuidad de vosotros y de todo el rebaño que el Espíritu Santo os encomendó como a pastores de la Iglesia de Dios, que adquirió pagando con su sangre.
29Sé que después de mi partida se meterán entre vosotros lobos rapaces que no respetarán el rebaño.
30Incluso de entre vosotros saldrán algunos que dirán cosas descaminadas para arrastrar tras sí a los discípulos.
31Por tanto, vigilad y recordad que durante tres años no he cesado de amonestaros con lágrimas ni de día ni de noche.
32Ahora os encomiendo al Señor y al mensaje de su gracia, que tiene poder para construiros y otorgar la herencia a todos los consagrados.
33No he codiciado la plata ni el oro ni los vestidos de nadie.
34Vosotros sabéis que con mis manos he proveído a las necesidades mías y de mis compañeros.
35Os he enseñado siempre que trabajando así, hay que acoger a los débiles recordando el dicho del Señor Jesús: más vale dar que recibir.
36Dicho esto, se arrodilló con todos y oró.
37Sucedió un sollozo general; echándose al cuello de Pablo lo abrazaban,
38pesarosos sobre todo por lo que había dicho de que no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.