Hechos 10
Biblia del Peregrino (1993) ›1Vivía en Cesarea un tal Cornelio, capitán de la cohorte itálica;
2hombre piadoso, que veneraba a Dios con toda su familia. Hacía muchas limosnas al pueblo y oraba asiduamente a Dios.
3A eso de las tres de la tarde, vio claramente en una visión a un ángel de Dios que entraba en su habitación y le decía: Cornelio.
4Él lo miró asustado y dijo: ¿Qué quieres, Señor? Le contestó: Tus oraciones y limosnas han subido a la presencia de Dios y son tenidas en cuenta.
5Ahora envía gente a Jafa, a buscar a un tal Simón, por sobrenombre Pedro.
6Se aloja en casa de Simón el curtidor, al lado del mar.
7Cuando se marchó el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso y de confianza,
8les explicó el asunto y los envió a Jafa.
9Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, a eso de las dos.
10Sintió apetito y quiso comer algo. Mientras se lo preparaban, cayó en éxtasis:
11Vio el cielo abierto y un objeto como un mantel enorme, descolgado por las cuatro puntas hasta el suelo:
12contenía toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves.
13Y oyó una voz: ¡Vamos, Pedro, mata y come!
14Pedro respondió: De ningún modo, Señor; nunca he probado un alimento profano o impuro.
15Por segunda vez sonó la voz: Lo que Dios declara puro tú no lo tengas por impuro.
16Esto se repitió tres veces y enseguida el objeto fue elevado al cielo.
17Mientras Pedro, se interrogaba sobre el significado de la visión, los enviados de Cornelio que habían preguntado por la casa de Simón, se presentaron a la puerta,
18y preguntaron si se alojaba allí Simón, de sobrenombre Pedro.
19Pedro seguía dándole vueltas a la visión, cuando el Espíritu le dijo: Mira, tres hombres preguntan por ti.
20Levántate, baja y vete con ellos sin reparo, porque yo los he enviado.
21Pedro bajó adonde estaban y les dijo: Soy yo el que buscáis, ¿qué os trae por aquí?
22Contestaron: El capitán Cornelio, hombre honrado que venera a Dios, apreciado por todo el pueblo judío, ha recibido de un ángel santo el encargo de llamarte y escuchar tus palabras.
23Pedro los hizo entrar y les dio alojamiento.
24Al día siguiente se puso en camino con ellos, acompañado de algunos hermanos de Jafa. Al otro día llegaron a Cesarea. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y amigos íntimos.
25Cuando Pedro entró, Cornelio le salió al encuentro, y se arrodilló a sus pies en señal de veneración.
26Pedro lo alzó diciendo: Levántate, también yo soy hombre.
27Conversando con él, entró y encontró a muchos reunidos,
28y se dirigió a ellos: Sabéis que está prohibido a cualquier judío juntarse o visitar a personas de otra raza. Pero a mí Dios me ha enseñado a no considerar profano o impuro a ningún hombre.
29Por eso, cuando me llamaron, vine sin dudarlo. Ahora deseo saber para qué me habéis llamado.
30Cornelio contestó: Hace tres días, a esta hora, estaba yo recitando la oración de la tarde en mi casa, cuando un hombre con un traje resplandeciente se presentó ante mí
31y me dijo: Cornelio, tu oración y tus limosnas han sido escuchadas por Dios y son tenidas en cuenta.
32Envía gente a Jafa y llama a Simón, por sobrenombre Pedro, que se aloja en casa de Simón el curtidor, junto al mar.
33Enseguida te hice llamar y tú has tenido la bondad de venir. Estamos todos en presencia de Dios dispuestos a escuchar lo que te haya ordenado el Señor.
34Pedro tomó la palabra: Verdaderamente reconozco que Dios no es parcial,
35antes acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea.
36Él comunicó su palabra a los israelitas y anuncia la Buena Noticia de la paz por medio de Jesús, el Mesías, que es Señor de todos.
37Vosotros conocéis lo sucedido por toda la Judea, empezando por Galilea, a partir del bautismo que predicaba Juan.
38A Jesús de Nazaret lo ungió Dios con Espíritu Santo y poder: discurrió haciendo el bien y sanando a los poseídos del Diablo, porque Dios estaba con él.
39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y Jerusalén. Le dieron muerte colgándolo de un madero.
40Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se apareciese,
41no a todo el pueblo, sino a los testigos designados de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él después de resucitar de la muerte.
42Nos encargó predicar al pueblo y atestiguar que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos.
43Todos los profetas dan este testimonio de él, que en su nombre reciben el perdón de los pecados los que creen en él.
44Pedro no había acabado de hablar, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los oyentes.
45Los creyentes convertidos del judaísmo se asombraban al ver que el don del Espíritu Santo también se concedía a los paganos;
46pues les oían hablar en diversas lenguas y ensalzar a Dios. Entonces intervino Pedro:
47¿Puede alguien impedir que se bauticen con agua los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?
48Y ordenó que los bautizaran invocando el nombre de Jesucristo. Ellos le rogaron que se quedaran unos días.