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Hebreos 5

Biblia del Peregrino (1993)

1Todo sumo sacerdote es elegido entre los hombres y nombrado su representante ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

2Puede ser indulgente con ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a la debilidad,

3y a causa de ella tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, lo mismo que por los del pueblo.

4Y nadie se arroga tal dignidad si no es llamado por Dios, como Aarón.

5Del mismo modo Cristo no se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió del que le dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy;

6y en otro pasaje: tú eres sacerdote perpetuo, en la línea de Melquisedec.

7Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas, al que podía librarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado.

8Aun siendo Hijo, aprendió sufriendo lo que es obedecer,

9ya consumado llegó a ser para cuantos le obedecen causa de salvación eterna,

10y Dios lo proclamó sumo sacerdote en la línea de Melquisedec.

11Sobre este tema tenemos mucho que decir, y es difícil explicarlo porque os habéis vuelto perezosos para escuchar.

12Pues, cuando debíais con el tiempo ser maestros, hace falta que os enseñe los rudimentos del mensaje de Dios; estáis necesitados de leche y no de alimentos sólidos.

13Quien vive de leche es una criatura y no entiende de rectitud.

14El alimento sólido es para los maduros, que con la práctica y el entrenamiento de los sentidos, saben distinguir el bien del mal.

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