Ezequiel 7
Biblia del Peregrino (1993) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2Tú, Hijo de Adán, anuncia: Esto dice el Señor Dios a la tierra de Israel: ¡El fin, llega el fin a los cuatro extremos del orbe!
3Ya te llega el fin: lanzaré mi ira contra ti, te juzgaré como mereces y pagarás tus abominaciones.
4No me apiadaré ni te perdonaré: te daré la paga que mereces, te quedarás con tus abominaciones, y sabréis que yo soy el Señor.
5Esto dice el Señor Dios: Se avecina desgracia tras desgracia:
6el fin llega, llega el fin, te acecha, está llegando.
7Te toca el turno, habitante de la tierra: llega el momento, el día se aproxima sin dilación y sin tardanza.
8Pronto derramaré mi cólera sobre ti y en ti agotaré mi ira; te juzgaré como mereces y pagarás tus abominaciones.
9No me apiadaré ni te perdonaré, te daré la paga que mereces, te quedarás con tus abominaciones, y sabréis que yo soy el Señor que castiga.
10Ahí está el día, está llegando, te toca el turno: Florece la injusticia, madura la insolencia,
11triunfa la violencia, el cetro del malvado. Sin dilación y sin tardanza,
12llega el momento, el día se avecina; el comprador, que no se alegre; el vendedor, que no esté triste, porque a todos los alcanza el incendio.
13Porque el vendedor no recobrará lo vendido ni el comprador retendrá lo comprado, porque a todos los alcanza el incendio.
14Tocan la trompeta, preparan las armas, pero nadie acude a la batalla, porque a todos los alcanza mi incendio.
15La espada en la calle, en casa la peste y el hambre: el que está en descampado muere a espada, al que está en la ciudad lo devoran el hambre y la peste.
16Los que escapan huyendo a las montañas, gimiendo como palomas, morirán todos ellos, cada cual por su culpa.
17Todos los brazos desfallecen y todas las rodillas se aflojan;
18se visten sayal, se cubren de espanto; todos los rostros, consternados; todas las cabezas, rapadas.
19Tirarán a la calle la plata, tendrán el oro por inmundicia; ni su oro ni su plata podrán salvarlos el día de la ira del Señor, porque fueron su tropiezo y pecado. No les quitarán el hambre ni les llenarán el vientre.
20Estaban orgullosos de sus espléndidas alhajas: con ellas fabricaron estatuas de sus ídolos abominables, pero yo se los convertiré en inmundicia.
21Se lo daré como botín a bárbaros, como presa a los criminales de la tierra, y lo profanarán.
22Apartaré de ellos mi rostro y profanarán mi tesoro: invadirán la ciudad bandoleros que la profanarán.
23Prepara grilletes, que el país está lleno de crímenes, la ciudad está llena de violencias.
24Traeré a los pueblos más feroces para que se adueñen de sus casas; pondré fin a su terca soberbia y serán profanados sus santuarios.
25Cuando llegue el pánico, buscarán paz, y no la habrá.
26Vendrá desastre tras desastre y alarma tras alarma; pedirán visiones al profeta, fracasarán las instrucciones del sacerdote y las propuestas de los concejales.
27El rey hará duelo, los nobles se vestirán de espanto, a los terratenientes les temblarán las manos; los trataré como merecen, los juzgaré con su misma justicia, y sabrán que yo soy el Señor.