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Ezequiel 31

Biblia del Peregrino (1993)

1El año undécimo, el día uno del mes tercero, me dirigió la palabra el Señor:

2Hijo de Adán, di al faraón, rey de Egipto, y a su tropa: ¿A quién te pareces en tu grandeza?

3Fíjate en Asiria, cedro del Líbano, de magnífico ramaje, tupido y umbroso, de estatura gigante, cuya cima destaca hasta las nubes.

4Lo criaron las lluvias, las aguas soterrañas lo elevaron: con sus corrientes rodeaban su tronco y derivaban sus acequias al arbolado de la campiña.

5Así se empinó por encima de los árboles de la campiña; se hizo tupido su ramaje, dilatada su copa, gracias a sus canales caudalosos.

6Anidaban en su ramaje las aves del cielo, parían bajo su copa las fieras salvajes, a su sombra se cobijaba muchedumbre de pueblos.

7Era magnífico por su corpulencia, por la envergadura de sus ramas, pues hundía su raíz en aguas abundantes.

8Los cedros del parque de los dioses no lo sobrepasaban, ni competían con su ramaje los abetos, ni los plátanos igualaban su copa; ningún árbol del parque de los dioses podía competir con su hermosura.

9Lo hice magnífico, tupido de ramas, lo envidiaban los árboles del paraíso, del parque de los dioses.

10Pues bien, esto dice el Señor Dios: Por haber empinado su estatura y haber erguido su cima hasta las nubes, y haberse engreído por su altura,

11lo entregué a merced de la nación más poderosa para que lo tratara según su maldad.

12Lo cortaron los bárbaros más feroces, lo tiraron por los barrancos: por las vaguadas fueron cayendo sus ramas; se fue desgajando su copa por las torrenteras del país, de su sombra escaparon los pueblos de la tierra, dejándolo abatido.

13Anidaron en su derribo las aves del cielo y se guarecieron en su copa los animales salvajes.

14Para que no empinen su estatura los árboles bien regados, y no yergan su cima hasta las nubes ni confíen en su altura los bien abrevados; pues todos están destinados a la muerte, a lo profundo de la tierra, en medio de los hijos de Adán que bajan a la fosa.

15Esto dice el Señor Dios: El día que bajó al Abismo vestí de luto el Océano: detuve sus corrientes, las aguas caudalosas se estancaron. Enluté al Líbano por él, por él languideció el arbolado de la campiña.

16Al estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando lo precipité en el Abismo con los que bajan a la fosa; entonces se consolaron en lo profundo de la tierra los árboles del paraíso, la gala del Líbano, los bien regados.

17También ellos bajaron al Abismo con él, con los muertos a espada; y los que se cobijaban a su sombra se diseminaron entre las naciones.

18¿Con qué árbol del paraíso competías en gloria y en grandeza? Fuiste precipitado con los árboles del paraíso a lo profundo de la tierra: ahí estás tendido, yaces en medio de incircuncisos, con los muertos a espada. Se trata del faraón y de su tropa -oráculo del Señor Dios-.

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