Ezequiel 16
Biblia del Peregrino (1993) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2Hijo de Adán, denuncia a Jerusalén sus abominaciones,
3diciendo: Esto dice el Señor Dios: ¡Jerusalén, eres cananea de casta y de cuna: tu padre era amorreo y tu madre era hitita!
4Fue así tu alumbramiento: el día en que naciste no te cortaron el ombligo, no te bañaron ni frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales.
5Nadie se apiadó de ti haciéndote uno de estos menesteres, por compasión, sino que te arrojaron a campo abierto, asqueados de ti, el día que naciste.
6Pasando yo a tu lado, te vi chapoteando en tu propia sangre, y te dije mientras yacías en tu sangre: Sigue viviendo y crece como brote campestre.
7Creciste y te hiciste moza, llegaste a la sazón; tus senos se afirmaron y el vello te brotó, pero estabas desnuda y en cueros.
8Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí sobre ti mi manto para cubrir tu desnudez; me comprometí con juramento, hice alianza contigo -oráculo del Señor Dios- y fuiste mía.
9Te bañé, te limpié la sangre y te ungí con aceite.
10Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda.
11Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello.
12Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza.
13Lucías joyas de oro y plata y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste más que una reina.
14Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas, con lo que te atavié -oráculo del Señor Dios-.
15Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba.
16Tomaste tus vestidos y sobre ellos fornicabas, y te hiciste capillos de colores.
17Tomaste tus alhajas, el oro y la plata que yo te regalé, y te hiciste estatuas de varones con las que fornicabas.
18Tomaste tus vestidos bordados y las revestiste con ellos, y les ofrecías mi perfume y mi incienso.
19El alimento que yo te daba -flor de harina, miel y aceite te daba de comer- también se lo ofreciste como oblata de aroma que aplaca -oráculo del Señor Dios-.
20Tomaste a tus hijos y a tus hijas, los que diste a luz para mí, y se los inmolaste para que comieran. No bastándote tus fornicaciones,
21degollaste a mis hijos pasándolos por el fuego en su honor.
22Con tus abominables fornicaciones, no te acordaste de tu niñez, cuando estabas desnuda y en cueros chapoteando en tu propia sangre.
23Y encima de tanta maldad, ¡ay de ti, ay de ti! -oráculo del Señor Dios-,
24te edificabas alcobas y te levantabas puestos en todas las calles.
25En las encrucijadas instalabas tus puestos y envilecías tu hermosura; te abrías de piernas al primero que pasaba, continuamente te prostituías.
26Fornicaste con los egipcios, tus vecinos de grandes miembros, y a fuerza de prostituirte me encolerizaste.
27Entonces extendí mi brazo contra ti, te mengüé la ración, te entregué a la avidez de tus rivales, las hijas de los filisteos, que se sonrojaban de tu conducta infame.
28Fornicaste con los asirios sin saciarte, volvías a fornicar con ellos y todavía no te saciabas.
29Sin cesar fornicaste en Caldea, tierra de mercaderes, y ni con eso te saciaste.
30¡Cómo me enfurecí contra ti -oráculo del Señor Dios- cuando hacías todo eso, lo que hace una ramera empedernida!
31Cuando instalabas tus alcobas en las encrucijadas y levantabas tus puestos en todas las calles, no cobrabas el precio como hacen las prostitutas.
32¡Oh hembra adúltera, que teniendo marido acoge a extraños!
33A las prostitutas les hacen regalos; tú, en cambio, diste tu regalo de boda a tus amantes; los sobornabas para que acudieran de todas partes a fornicar contigo.
34Tú hacías lo contrario que las otras hembras: a ti nadie te solicitaba, eras tú la que pagabas y a ti no te pagaban, y obrabas al revés.
35Por eso, prostituta, escucha la Palabra del Señor.
36Esto dice el Señor: Por haber prodigado tus encantos y desnudado tus vergüenzas, prostituyéndote con tus amantes, con tus abominables ídolos, por haberles ofrecido la sangre de tus hijos;
37por eso aquí me tienes: voy a reunir a todos tus amantes a los que complaciste, a todos los que amabas y a los que aborrecías. Los reuniré de todas partes contra ti, te dejaré desnuda delante de ellos, para que miren tus vergüenzas.
38Te aplicaré las penas de las adúlteras y de las homicidas, descargando sobre ti mi furor y mi rabia.
39Te entregaré en sus manos: derribarán tus alcobas, demolerán tus puestos; te quitarán los vestidos, te arrebatarán las alhajas, dejándote desnuda y en cueros.
40Traerán un tropel contra ti que te apedreará y te descuartizará a cuchilladas.
41Prenderán fuego a tus casas y ejecutarán en ti la sentencia en presencia de muchas mujeres.
42Aplacaré mi ira contra ti y apartaré de ti mi cólera; me serenaré y no volveré a irritarme.
43Por no haberte acordado de tu juventud, por haberme provocado con todas estas cosas, también yo te pagaré según tu conducta -oráculo del Señor Dios-. ¿No has añadido la infamia a todas sus abominaciones?
44Mira, todos se burlan diciéndote el refrán: De tal madre, tal hija.
45Hija eres de tu madre, que aborreció marido e hijos; hermana eres de tus hermanas, que aborrecieron maridos e hijos. Vuestra madre era hitita y vuestro padre amorreo.
46Tu hermana la mayor es Samaría con sus villas, situada a tu izquierda; tu hermana la pequeña, situada a tu derecha, es Sodoma con sus villas.
47No sólo seguiste sus caminos e imitaste sus abominaciones, sino que te pareció poco y las ganaste en conducta depravada.
48Juro por mi vida -oráculo del Señor Dios- que Sodoma, tu hermana, y sus poblados no han obrado como habéis obrado tú y tus villas.
49Mira, ése fue el delito de Sodoma, tu hermana: soberbia, hartura de pan y bienestar apacible tuvieron ella y sus villas, pero no dio una mano al desgraciado y al pobre.
50Se engrieron frente a mí, cometieron abominaciones, y las quité de en medio en cuanto lo vi.
51Y Samaría no pecó ni la mitad que tú; tú has cometido más abominaciones que ellas, y con las abominaciones cometidas, has hecho buenas a tus hermanas.
52Pues carga, tú también, con tu vergüenza, porque con tus pecados dejaste en buen lugar a tus hermanas; te envileciste más que ellas, ellas son inocentes a tu lado. Sonrójate también y carga con tu vergüenza, porque has hecho buenas a tus hermanas.
53Cambiaré su suerte, la suerte de Sodoma y sus villas, la suerte de Samaría y sus villas -también cambiaré tu suerte junto con las de ellas-,
54para que cargues con tu vergüenza y te avergüences de cuanto hiciste sirviéndoles a ellas de consuelo.
55Y tu hermana Sodoma y sus villas volverán a su estado antiguo; Samaría y sus villas volverán a su estado antiguo también tú y tus villas volveréis a vuestro estado antiguo.
56¿No mentabas a Sodoma, tu hermana, difamándola en tu época arrogante,
57antes de descubrirse tus vergüenzas? ¡Ahora eres el oprobio de las edomitas y de sus vecinas las filisteas, que te zahieren por todas partes!
58Ahora cargas con tu infamia y tus abominaciones -oráculo del Señor-.
59Pues así dice el Señor Dios: Actuaré contigo conforme a tus acciones, pues menospreciaste el juramento y quebrantaste la alianza.
60Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras moza y haré contigo una alianza eterna.
61Tú te acordarás de tu conducta y te sonrojarás, al acoger a tus hermanas, las mayores y las más pequeñas; pues yo te las daré como hijas, mas no en virtud de tu alianza.
62Yo mismo haré alianza contigo y sabrás que yo soy el Señor,
63para que te acuerdes y te sonrojes y no vuelvas a abrir la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que hiciste -oráculo del Señor Dios-.