Eclesiástico (Sirácide) 25
Biblia del Peregrino (1993) ›1Hay tres cosas que me gustan, que agradan a Dios y a los hombres: concordia entre hermanos, afecto entre amigos, mujer y marido que se llevan bien.
2Tres cosas detesta mi alma y su conducta me resulta insoportable: pobre soberbio, rico tacaño y viejo verde falto de seso.
3En la juventud no has hecho acopio, ¿cómo quieres encontrar en la vejez?
4¡Qué bien sienta a las canas el juicio y a los ancianos saber aconsejar!
5¡Qué bien sienta a los ancianos la sabiduría, el consejo ponderado a hombres venerables!
6La experiencia es corona de los ancianos, y su orgullo es el temor del Señor.
7Mi corazón guarda nueve bienaventuranzas y mi boca proclamará la décima: Dichoso el que se alegra con sus hijos, el que no tiene que servir a un inferior;
8dichoso el marido de mujer sensata, el que no tiene que arar con buey y asno; dichoso el que vive para ver la derrota de sus rivales, y el que no resbala con la lengua;
9dichoso el que encuentra un amigo, y el que no habla a oídos sordos;
10qué grande es quien alcanza sabiduría, pero nadie como quien respeta al Señor;
11el temor del Señor lo supera todo, el que lo posee es incomparable.
12
13Ninguna herida como la del corazón, ninguna maldad como la de la mujer,
14ninguna pelea como la de las rivales, ninguna venganza como la de las émulas;
15no hay veneno como el de la serpiente ni hay cólera como la de la mujer;
16más vale vivir con un león y un dragón que vivir con mujer pendenciera.
17La mujer iracunda deforma su aspecto y pone cara hostil como de osa;
18cuando su marido se sienta con los compañeros, suspira sin poderse sostener.
19Cualquier maldad es pequeña junto a la de la mujer; que le toque en suerte un pecador;
20cuesta arenosa para pies ancianos es mujer charlatana para marido paciente.
21No tropieces por la belleza de una mujer ni te dejes cazar por sus riquezas:
22es una infamia y una vergüenza que la mujer sustente al marido.
23Corazón abatido, rostro sombrío, pena del alma es la mujer malvada; brazos débiles, rodillas vacilantes, cuando la mujer no hace feliz al marido.
24Por una mujer comenzó la culpa, y por ella morimos todos.
25No abras las compuertas al agua ni des confianza a mujer malvada;
26y si no quiere someterse a ti, córtala de tu propia carne.