Eclesiastés 12
Biblia del Peregrino (1993) ›1Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: No les saco gusto.
2Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado.
3Ese día temblarán los guardianes de casa y los valientes se encorvarán, las que muelen serán pocas y dejarán de moler, las que miran por las ventanas se ofuscarán,
4las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando,
5darán miedo las alturas y rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro y se arrastre la langosta y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles.
6Antes de que se rompa el hilo de plata, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo,
7y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio.
8Vanidad de vanidades dice el Qohelet , todo es vanidad.
9El Qohelet, además de ser un sabio, enseñó al pueblo lo que él sabía. Estudió, inventó y formuló muchos proverbios;
10el Qohelet procuró un estilo atractivo y escribió la verdad con acierto.
11Las sentencias de los sabios son como aguijadas o como clavos bien clavados de los que cuelgan muchos objetos: las pronuncia un solo pastor.
12Un último aviso, hijo mío: nunca se acaba de escribir más y más libros, y el mucho estudiar desgasta el cuerpo.
13En conclusión, y después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre;
14que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas.