Eclesiastés 1
Biblia del Peregrino (1993) ›1Discurso de Qohelet, hijo de David, rey de Jerusalén:
2¡Vanidad de vanidades dice Qohelet ; vanidad de vanidades, todo es vanidad!
3¿Qué provecho saca el hombre de todos los esfuerzos que lo fatigan bajo el sol?
4Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre permanece.
5Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir.
6Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento y a sus vueltas vuelve el viento.
7Todos los ríos caminan al mar y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan los ríos, desde allí vuelven a caminar.
8Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. ¿No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír?
9Lo que pasó, eso pasará; lo que se hizo, eso se hará: nada hay nuevo bajo el sol.
10Si de algo se dice: Mira, esto es nuevo, ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros.
11Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.
12Yo, Qohelet, fui rey de Israel en Jerusalén.
13Me dediqué a investigar y a explorar con sabiduría todo lo que se hace bajo el cielo. Una dura tarea ha dado Dios a los hombres para que se dediquen a ella.
14Examiné todas las acciones que se hacen bajo el sol: todo es vanidad y caza de viento,
15torcedura imposible de enderezar, pérdida imposible de calcular.
16Y pensé para mí: aquí estoy yo, que he acumulado tanta sabiduría, más que mis predecesores en Jerusalén; mi mente alcanzó sabiduría y mucho saber.
17Y a fuerza de trabajo comprendí que la sabiduría y el saber son locura y necedad. Y comprendí que también eso es caza de viento,
18pues a más sabiduría más pesadumbre, y aumentando el saber se aumenta el sufrir.