Deuteronomio 32
Biblia del Peregrino (1993) ›1Escuchad, cielos, y hablaré; oye, tierra, los dichos de mi boca;
2descienda como lluvia mi doctrina, caiga como rocío mi palabra; como llovizna sobre la hierba, como sirimiri sobre el césped;
3voy a proclamar el Nombre del Señor: reconoced la grandeza de nuestro Dios.
4Él es la Roca, sus obras son perfectas, sus caminos son justos; es un Dios fiel, sin maldad, es justo y recto.
5Hijos degenerados, se portaron mal con él, generación malvada y pervertida.
6¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?
7Acuérdate de los días remotos, considera las épocas pasadas, pregunta a tu padre y te lo contará, a tus ancianos y te lo dirán:
8Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad, y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de los pueblos, según el número de los hijos de Dios,
9la porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue el lote de su heredad.
10Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos; lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a la niña de sus ojos.
11Como el águila incita a su nidada revoloteando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas.
12El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él.
13Los puso a caballo de sus montañas, y los alimentó con las cosechas de sus campos; los crió con miel silvestre, con aceite de rocas de pedernal;
14con requesón de vaca y leche de ovejas, con grasa de corderos y carneros, ganado de Basán y cabritos, con la flor de la harina de trigo, y por bebida, con la sangre fermentada de la uva.
15Comió Jacob hasta saciarse, engordó mi Cariño, y tiró coces estabas gordo, cebado y corpulento y rechazó a Dios, su creador; deshonró a su Roca salvadora.
16Le dieron celos con dioses extraños, lo irritaron con sus abominaciones,
17ofrecieron víctimas a demonios que no son dios, a dioses desconocidos, nuevos, importados de cerca, que no veneraban vuestros padres.
18¡Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz!
19Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas,
20pensando: Les esconderé mi rostro, y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales;
21ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua.
22Está ardiendo el fuego de mi ira y abrasará hasta el fondo del abismo, consumirá la tierra y sus cosechas y quemará los cimientos de los montes.
23Reclutaré desastres contra ellos, agotaré en ellos mis flechas;
24andarán macilentos por el hambre, consumidos de fiebres y epidemias malignas; les enviaré dientes de las fieras y veneno de serpientes que se arrastran;
25en las calles, la espada se llevará a los hijos; en las casas, el espanto, a los jóvenes con las doncellas, a los niños de pecho con los ancianos.
26Yo pensaba: Voy a dispersarlos y a borrar su memoria entre los hombres.
27Pero no; que temo la jactancia del enemigo y la mala interpretación del adversario, que dirían: Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien lo ha hecho.
28Porque son una nación que ha perdido el juicio y carece de inteligencia.
29Si fueran sensatos, lo entenderían, comprenderían su destino.
30¿Cómo es que uno persigue a mil y dos ponen en fuga a diez mil? ¿No es porque su Roca los ha vendido, porque el Señor los ha entregado?
31Porque su roca no es como nuestra Roca; nuestros mismos enemigos pueden juzgarlo.
32Son cepas de las viñas de Sodoma, de los campos de Gomorra; sus uvas son uvas venenosas y sus racimos son amargos;
33su vino es ponzoña de monstruos y veneno mortal de víboras.
34¿No tengo todo esto recogido y sellado en mis archivos?
35Mía será la venganza y el desquite en la hora en que tropiecen sus pies, pues el día de su perdición se acerca y su suerte se apresura
36porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos . Cuando vea que sus manos flaquean, que se consumen amos y criados,
37dirá: ¿Dónde están sus dioses o la roca donde se refugiaban?
38¿No comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones? Que se levanten para socorreros, que sean vuestro refugio.
39Pero ahora mirad: yo soy yo, y no hay otro fuera de mí; yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo sano, y no hay quien se libre de mi mano.
40Levanto la mano al cielo y juro: Tan verdad como que vivo eternamente,
41cuando afile el relámpago de mi espada y tome en mi mano la justicia, haré venganza del enemigo y daré su paga al adversario;
42embriagaré mis flechas en sangre, mi espada devorará carne; sangre de muertos y cautivos, cabezas de jefes enemigos.
43Naciones, aclamadlo con su pueblo, porque él venga la sangre de sus siervos, porque toma venganza del enemigo y perdona a su tierra y a su pueblo.
44Moisés fue y recitó este canto entero en presencia del pueblo. Lo acompañaba Josué, hijo de Nun.
45Y cuando terminó de decir todo esto a los israelitas,
46añadió: Fijaos bien en todas las palabras que yo os he conminado hoy, y mandad a vuestros hijos que pongan por obra todos los artículos de esta ley.
47Porque no son palabra vacía para vosotros, sino que por ella viviréis y prolongaréis la vida en la tierra que vais a tomar en posesión después de pasar el Jordán.
48Aquel mismo día el Señor dijo a Moisés:
49Sube al monte Abarín, monte Nebo, que está en Moab, mirando a Jericó, y contempla la tierra que voy a dar en propiedad a los israelitas.
50Después morirás en el monte y te reunirás con los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón murió en Monte Hor y se reunió con los suyos.
51Porque os portasteis mal conmigo en medio de los israelitas, en la Fuente de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin, y no reconocisteis mi santidad en medio de los israelitas.
52Verás de lejos la tierra, pero no entrarás en la tierra que voy a dar a los israelitas.