Deuteronomio 2
Biblia del Peregrino (1993) ›1Después dimos la vuelta y fuimos al desierto en dirección al 41.Rojo, como me había mandado el Señor, y pasamos mucho tiempo dando vueltas por la serranía de Seír.
2Hasta que el Señor me dijo:
3Basta de dar vueltas por esta serranía, dirigíos al Norte.
4Pero advierte al pueblo: Vais a cruzar la frontera de Seír, donde habitan vuestros hermanos, los descendientes de Esaú; aunque ellos os tienen miedo,
5mucho cuidado con enzarzaros con ellos, pues no pienso daros ni un pie de su territorio. La sierra de Seír se la he entregado a Esaú.
6La comida que comáis, se la pagaréis, el agua que bebáis se la compraréis.
7Pues el Señor, tu Dios, te ha bendecido en todas tus empresas, os ha atendido en el viaje por ese inmenso desierto; durante los últimos cuarenta años el Señor, tu Dios, ha estado contigo y no te ha faltado nada.
8Así, pues, cruzamos junto a nuestros hermanos, los descendientes de Esaú, que habitaban en Seír, seguimos por el camino de la estepa que arranca de Eilat y Esión Gueber, y torciendo cruzamos hacia el desierto de Moab.
9El Señor me dijo: No provoques a los moabitas ni te enzarces en combate con ellos; no te daré posesiones en su territorio, pues di Ar en posesión a los descendientes de Lot.
10Antiguamente habitaban allí los emitas, pueblo grande, numeroso y corpulento, como los anaquitas.
11Comúnmente se los creía refaítas, como a los anaquitas, pero los moabitas los llamaban emitas.
12En Seír habitaban antiguamente los hurritas, pero los descendientes de Esaú los desalojaron y aniquilaron, instalándose en su lugar, lo mismo que hizo Israel con el territorio de su propiedad que les dio el Señor.
13¡Ahora a cruzar el torrente Zared! Y cruzamos el torrente Zared.
14Desde Cades Barne hasta cruzar el torrente Zared anduvimos caminando treinta y ocho años, hasta que desapareció del campamento toda aquella generación de guerreros, como les había jurado el Señor:
15La mano del Señor pesó sobre ellos hasta que los hizo desaparecer del campamento.
16Y cuando por fin murieron los últimos guerreros del pueblo,
17el Señor me dijo:
18Hoy vas a cruzar la frontera de Moab por Ar.
19Cuando establezcas contacto con los amonitas, no los provoques ni te enzarces con ellos, porque no pienso darte posesiones en territorio amonita, pues se lo di en posesión a los descendientes de Lot.
20También esta región se consideraba de refaítas, pues antiguamente la habitaban refaítas, si bien los amonitas los llamaban sansumitas.
21Eran un pueblo grande, numeroso y corpulento, como los anaquitas. El Señor los aniquiló y los amonitas los desalojaron y se instalaron en su lugar.
22Lo mismo sucedió con los habitantes de Seír, descendientes de Esaú; el Señor aniquiló a los hurritas, y ellos los desalojaron y se instalaron en su lugar, y allí viven hoy.
23En cuanto a los heveos que habitaban las aldeas de Gaza, los aniquilaron los cretenses venidos de Creta y se instalaron en su lugar.
24Ahora, poneos en camino para cruzar el río Arnón. Te entrego a Sijón, el rey amorreo de Jesbón, y su territorio. Atácale y empieza la conquista.
25Hoy comienzo a sembrar pánico y terror por todos los pueblos bajo el cielo; al oír tu fama, temblarán y se estremecerán ante ti.
26Desde el desierto de levante despaché mensajeros a Sijón, rey de Jesbón, con propuestas de paz:
27Déjame cruzar por tu territorio. Iré camino adelante, sin desviarme a derecha ni a izquierda.
28Te pagaremos la comida que nos des y el agua que bebamos; déjanos cruzar a pie,
29como han hecho los descendientes de Esaú, que habitan en Seír, y los moabitas, que habitan en Ar, hasta que crucemos el Jordán para entrar en la tierra que nos va a dar el Señor, nuestro Dios.
30Pero Sijón, rey de Jesbón, no quiso dejarnos pasar; el Señor lo puso reacio y terco para entregarlo en tu poder. Hoy es un hecho.
31El Señor me dijo: Mira, comienzo por entregarte Sijón y su territorio; comienza la conquista de su territorio.
32Sijón nos salió al encuentro con todas sus tropas en Yahsá.
33Y como el Señor, nuestro Dios, nos lo entregó, lo derrotamos a él, a sus hijos y a todo el ejército.
34Entonces conquistamos sus ciudades y consagramos al exterminio a los vecinos, con mujeres y niños, sin dejar a nadie con vida.
35Sólo nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades conquistadas.
36Desde Aroer, a orillas del Arnón la ciudad que da sobre el río , hasta Galaad no hubo villa que se nos resistiera. Todo nos lo fue entregando a nuestro paso el Señor, nuestro Dios.
37Sólo evitaste el territorio amonita, la cuenca del Yaboc y los pueblos de la montaña, como te había mandado el Señor, nuestro Dios.