Daniel 6
Biblia del Peregrino (1993) ›1Darío, el medo, le sucedió en el trono a la edad de sesenta y dos años.
2Darío decidió nombrar ciento veinte sátrapas que gobernasen el reino,
3y sobre ellos tres ministros, a quienes los sátrapas rendirían cuentas para que no sufriesen los intereses de la corona. Uno de los tres era Daniel.
4Daniel sobresalía entre los ministros y los sátrapas por su talento extraordinario, de modo que el rey decidió ponerlo al frente de todo el reino.
5Entonces los ministros y los sátrapas buscaron algo de que acusarle en su administración del reino; pero no le encontraron ninguna culpa ni descuido, porque era hombre de fiar que no cometía errores ni era negligente.
6Aquellos hombres se dijeron: No podremos acusar a Daniel de ninguna falta. Tenemos que buscar un delito de carácter religioso.
7Entonces los ministros y sátrapas fueron al rey diciéndole:
8¡Viva siempre el rey Darío! Los ministros del reino, los prefectos, los sátrapas, consejeros y gobernadores están de acuerdo en que el rey debe promulgar un edicto sancionando que en los próximos treinta días nadie haga oración a otro dios que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones.
9Por tanto, majestad, promulga esa prohibición y firma el documento para que sea irrevocable, como ley perpetua de medos y persas.
10Así, el rey Darío promulgó y firmó el decreto.
11Cuando Daniel se enteró de la promulgación del decreto, subió al piso superior de su casa, que tenía ventanas orientadas hacia Jerusalén. Y, arrodillado, oraba dando gracias a Dios tres veces al día, como solía hacerlo.
12Aquellos hombres lo espiaron y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios.
13Entonces fueron a decirle al rey: Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe hacer oración a cualquier dios fuera de ti, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones? El rey contestó: El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas.
14Ellos le respondieron: Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni a la prohibición que has firmado, sino que tres veces al día reza sus oraciones.
15Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar la manera de salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol hizo lo imposible por librarlo.
16Pero aquellos hombres le urgían diciéndole: Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, una prohibición o edicto real es válido e irrevocable.
17Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: ¡Que te salve ese Dios a quien tú veneras con tanta constancia!
18Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.
19Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.
20Madrugó y fue corriendo al foso de los leones.
21Se acercó al foso y gritó afligido: ¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras con tanta constancia?
22Daniel le contestó:
23¡Viva siempre el rey! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como tampoco he hecho nada contra ti.
24El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso. Al sacarlo no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
25Luego el rey mandó traer a los que habían calumniado a Daniel y los arrojó al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
26Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra:
27¡Paz y bienestar! Ordeno y mando: Que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin.
28Él salva y libra, hace signos y prodigios en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones.
29Así fue como prosperó Daniel durante el reinado de Darío y de Ciro de Persia.