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Daniel 3

Biblia del Peregrino (1993)

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, treinta metros de alto por tres de ancho, y la colocó en la vega de Dura, provincia de Babilonia.

2Mandó convocar a los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y gobernadores de provincia para que acudieran a la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.

3Se reunieron los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y gobernadores de provincia para la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor, y mientras estaban en pie frente a ella,

4el heraldo proclamó con voz potente:

5A todos los pueblos, naciones y lenguas: Cuando oigáis tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, os postraréis para adorar la estatua que ha erigido el rey Nabucodonosor.

6El que no se postre en adoración será al punto arrojado dentro de un horno encendido abrasador.

7Así pues, cuando los diversos pueblos oyeron tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron adorando la estatua de oro que Nabucodonosor había erigido.

8Entonces unos caldeos fueron al rey a denunciar a los judíos:

9¡Viva el rey eternamente!

10Su majestad ha decretado que cuantos escuchen tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos se postren adorando la estatua de oro,

11y el que no se postre en adoración será arrojado dentro de un horno encendido abrasador.

12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abdénago -a quienes has encomendado el gobierno de la provincia de Babilonia-, que no obedecen la orden real, ni veneran a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has erigido.

13Nabucodonosor, en un acceso de ira, ordenó que trajeran a Sidrac, Misac y Abdénago, y cuando los tuvo delante, les dijo:

14¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua que he erigido?

15Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero si no la adoráis, seréis arrojados al punto dentro del horno encendido abrasador, y ¿qué Dios os librará de mis manos?

16Sidrac, Misac y Abdénago contestaron:

17Majestad, a eso no tenemos por qué responder. Si es así, el Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos.

18Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has levantado.

19Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,

20y ordenó a algunos de sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido abrasador.

21Así, vestidos con sus pantalones, camisas, gorros y demás ropa, los ataron y los echaron en el horno encendido abrasador.

22La orden del rey era severa y el horno estaba ardiendo; sucedió que las llamas abrasaron a los que conducían a Sidrac, Misac y Abdénago;

23mientras los tres, Sidrac, Misac y Abdénago, caían atados en el horno abrasador.

24Entonces el rey, estupefacto, se levantó apresuradamente y preguntó a sus consejeros: ¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno? Le respondieron: Así es, majestad.

25Preguntó: Entonces ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.

26Y acercándose a la puerta del horno encendido, dijo: Sidrac, Misac y Abdénago, siervos del Dios Altísimo, salid y venid.

27Sidrac, Misac y Abdénago salieron del horno. Los sátrapas, ministros, prefectos y consejeros se apretaron para ver a aquellos hombres a prueba de fuego: no se les había quemado el pelo, los pantalones estaban intactos, ni siquiera olían a chamuscados.

28Nabucodonosor entonces dijo: Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo.

29Por eso decreto que quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, sea hecho pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como éste.

30El rey dio cargos a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.

31El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en la tierra: Paz y prosperidad.

32Quiero contar los signos y prodigios que el Dios Altísimo ha hecho conmigo:

33¡Qué grandes son sus signos, qué admirables sus prodigios! Su reinado es eterno, su poder dura por todas las edades.

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