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2 Reyes 9

Biblia del Peregrino (1993)

1El profeta Eliseo llamó a uno de la comunidad de profetas y le ordenó: Átate el cinturón, toma en la mano esta aceitera y vete a Ramot de Galaad.

2Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí; entras, lo haces salir de entre sus camaradas y lo llevas a una habitación aparte.

3Toma la aceitera y derrámasela sobre la cabeza, diciendo: Así dice el Señor: Te unjo rey de Israel. Luego abres la puerta y escapas sin más.

4El joven profeta marchó a Ramot de Galaad.

5Al llegar, encontró a los oficiales del ejército reunidos, y dijo: Te traigo un mensaje, mi general. Jehú preguntó: ¿Para quién de nosotros? Respondió: Para ti, mi general.

6Jehú se levantó y entró en la casa. El profeta le derramó el aceite sobre la cabeza y le dijo: Así dice el Señor, Dios de Israel: Te unjo rey de Israel, el pueblo del Señor.

7Derrotarás a la dinastía de Ajab, tu señor; en Jezabel vengaré la sangre de mis siervos, los profetas, la sangre de los siervos del Señor;

8perecerá toda la casa de Ajab; extirparé de Israel a todos los hombres de Ajab: a todo el que mea a la pared, esclavo o libre.

9Trataré a la casa de Ajab como a la de Jeroboán, hijo de Nabat, y como a la de Basá, hijo de Ajías.

10Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Yezrael, y nadie le dará sepultura. Luego abrió la puerta y escapó.

11Jehú salió a reunirse con los oficiales de su señor. Le preguntaron: ¿Buenas noticias? ¿A qué ha venido a verte ese loco? Les respondió: Ya conocéis a ese hombre y lo que anda hablando entre dientes.

12Le dijeron: ¡Cuentos! Explícate. Jehú entonces les dijo: Me ha dicho a la letra: Así dice el Señor: Te unjo rey de Israel.

13Inmediatamente tomó cada uno su manto y lo echó a los pies de Jehú sobre los escalones. Tocaron la trompeta y aclamaron: ¡Jehú es rey!

14Entonces Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí, organizó una conspiración contra Jorán de esta manera: Jorán estaba con todo el ejército israelita, defendiendo Ramot de Galaad contra Jazael, rey de Siria,

15pero se había vuelto a Yezrael para sanarse las heridas recibidas de los sirios en la guerra contra Jazael de Siria. Jehú dijo: Si os parece bien, que no salga nadie de la ciudad a llevar la noticia a Yezrael.

16Montó y marchó a Yezrael, donde estaba Jorán en cama. Ocozías de Judá había ido a hacerle una visita.

17El vigía, en pie sobre la torre de Yezrael, vio al grupo de Jehú, que se acercaba, y dijo: Veo un tropel de gente. Jorán ordenó: Busca un jinete y mándalo al encuentro a preguntarles si traen buenas noticias.

18El jinete salió a su encuentro, y dijo: El rey pregunta si traéis buenas noticias. Jehú contestó: ¿Qué te importan las buenas noticias? ¡Ponte ahí detrás! El centinela anunció: El mensajero ha llegado adonde ellos pero no vuelve.

19El rey mandó entonces otro jinete, que al llegar a ellos dijo: El rey pregunta si traéis buenas noticias. Jehú contestó: ¿Qué te importan las buenas noticias? ¡Ponte ahí detrás!

20El centinela anunció: Ha llegado a donde ellos pero no vuelve. Y la forma de guiar es la de Jehú, hijo de Nimsí, porque guía a lo loco.

21Jorán ordenó: ¡Engancha! Engancharon el carro, y Jorán de Israel y Ocozías de Judá salieron, cada uno en su carro, al encuentro de Jehú. Lo alcanzaron junto a la heredad de Nabot, el de Yezrael,

22y Jorán, al verlo, preguntó: ¿Buenas noticias, Jehú? Jehú respondió: ¿Cómo va a haber buenas noticias mientras Jezabel, tu madre, siga con sus ídolos y brujerías?

23Jorán volvió grupas para escapar, diciendo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!

24Pero Jehú ya había tensado el arco, e hirió a Jorán por la espalda. La flecha le atravesó el corazón, y Jorán se dobló sobre el carro.

25Jehú ordenó a su escudero, Bidcar: Agárralo y tíralo a la heredad de Nabot, el de Yezrael; porque recuerda que cuando tú y yo cabalgábamos juntos siguiendo a su padre, Ajab, el Señor pronunció contra él este oráculo

26Ayer vi la sangre de Nabot y de sus hijos, oráculo del Señor. Juro que en la misma heredad te daré tu merecido, oráculo del Señor. Así que agárralo y tíralo a la heredad de Nabot, como dijo el Señor.

27Al ver esto, Ocozías de Judá huyó por el camino de Bet-Gan. Pero Jehú lo persiguió, diciendo: ¡También a él! Lo hirieron en su carro, por la cuesta de Gur, cerca de Yiblán. Pero logró huir a Meguido, y allí murió.

28Sus siervos lo llevaron en un carro a Jerusalén, y lo enterraron en la sepultura familiar, en la Ciudad de David;

29había subido al trono de Judá el año once de Jorán, hijo de Ajab.

30Jehú llegó a Yezrael. Jezabel, que se había enterado, se sombreó los ojos, se arregló el pelo y se asomó al balcón.

31Y cuando Jehú entraba por la puerta, Jezabel le dijo: ¿Qué tal, Zimrí, asesino de su señor?

32Jehú levantó la vista al balcón y preguntó: ¿Quién se pone de mi parte? ¿Quién? Se asomaron dos o tres eunucos,

33y Jehú ordenó: ¡Abajo con ella! La tiraron; su sangre salpicó la pared y a los caballos, que la pisotearon.

34Jehú entró, comió y bebió, y luego dijo: Haceos cargo de esa maldita y enterradla, que al fin y al cabo es hija de rey.

35Pero cuando fueron a enterrarla, sólo encontraron la calavera, los pies y las manos.

36Volvieron a informarle, y Jehú comentó: Se cumple la palabra que dijo Dios a su siervo Elías, el tesbita: En el campo de Yezrael comerán los perros la carne de Jezabel;

37su cadáver será como estiércol en el campo, y nadie podrá decir: ésa es Jezabel.

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