2 Reyes 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Naamán, general del ejército del rey sirio, era un hombre que gozaba de la estima y del favor de su señor, porque por su medio el Señor había dado la victoria a Siria; pero estaba enfermo de la piel.
2En una incursión, una banda de sirios llevó de Israel a una muchacha, que quedó como criada de la mujer de Naamán,
3entonces ella dijo a su señora: Ojalá mi señor fuera a ver al profeta de Samaría; él lo libraría de su enfermedad.
4Naamán fue a informar a su señor: La muchacha israelita ha dicho esto y esto.
5El rey de Siria le dijo: Ven, que te doy una carta para el rey de Israel. Naamán se puso en camino, llevando tres quintales de plata, seis mil monedas de oro y diez trajes.
6Presentó al rey de Israel la carta, que decía así: Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi ministro Naamán para que lo libres de su enfermedad.
7Cuando el rey de Israel leyó la carta, se rasgó las vestiduras, exclamando: ¿Acaso soy yo un dios capaz de dar muerte o vida para que éste me encargue de librar a un hombre de su enfermedad? Fijaos bien y veréis cómo está buscando un pretexto contra mí.
8Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras, y le envió este recado: ¿Por qué te has rasgado las vestiduras? Que venga a mí y verá que hay un profeta en Israel.
9Naamán llegó con sus caballos y su carro y se detuvo ante la puerta de Eliseo.
10Eliseo mandó a uno a decirle: Ve a bañarte siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia.
11Naamán se enfadó y decidió irse, comentando: Yo me imaginaba que saldría en persona a verme y que, puesto en pie, invocaría al Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me libraría de mi enfermedad.
12¿Es que los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, no valen más que toda el agua de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y quedar limpio? Dio media vuelta y se marchaba furioso.
13Pero sus siervos se le acercaron y le dijeron: Señor, si el profeta te hubiera prescrito algo difícil, lo harías. Cuánto más si lo que te prescribe para quedar limpio es simplemente que te bañes.
14Entonces Naamán bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el hombre de Dios, y su carne quedó limpia, como la de un niño.
15Volvió con su comitiva y se presentó al hombre de Dios, diciendo: Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor.
16Eliseo contestó: ¡Vive el Señor, a quien sirvo! No aceptaré nada. Y aunque le insistía, lo rehusó.
17Naamán dijo: Entonces que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.
18Y que el Señor me perdone: si al entrar mi señor en el templo de Rimón para adorarlo se apoya en mi mano, y yo también me postro ante Rimón, que el Señor me perdone ese gesto.
19Eliseo le dijo: Vete en paz. Naamán se marchó. Había caminado ya un buen trecho,
20cuando Guejazí, criado del hombre de Dios, Eliseo, pensó: Mi amo ha sido demasiado generoso con ese sirio, Naamán, no aceptando nada de lo que ofrecía. ¡Vive el Señor! Voy a correr detrás para que me dé algo.
21Guejazí siguió a Naamán, y cuando éste lo vio correr tras él, bajó de la carroza para ir a su encuentro y lo saludó. Guejazí respondió al saludo,
22y dijo: Mi amo me manda a decirte que precisamente en este momento se le han presentado dos muchachos de la serranía de Efraín, de la comunidad de los profetas; que hagas el favor de darme para ellos tres arrobas de plata y dos mudas de ropa.
23Naamán dijo: Ten la bondad de tomar el doble. Y le porfió, hasta que le metió en dos costales seis arrobas con dos mudas, que entregó a un par de esclavos para que se los llevasen.
24Al llegar a la colina, Guejazí lo recogió todo, lo guardó en su casa y despidió a los hombres, que se marcharon.
25Cuando se presentó a su amo, Eliseo le preguntó: Guejazí, ¿de dónde vienes? Respondió: No me he movido de aquí.
26Eliseo le dijo: Mi pensamiento te seguía cuando aquel hombre se apeó de su carroza para ir a tu encuentro. ¿Es el momento de aceptar dinero y vestidos, olivares y viñas, ovejas y vacas, criados y criadas?
27¡Que la enfermedad de Naamán se te pegue a ti y a tus descendientes para siempre! Guejazí salió con la piel descolorida como nieve.