2 Pedro 3
Biblia del Peregrino (1993) ›1Queridos, ésta es ya la segunda carta que os escribo para despertar con el recuerdo vuestras mentes sinceras.
2Recordad lo que anunciaron los santos profetas y el mandato del Señor y salvador transmitido por los apóstoles.
3Ante todo debéis saber que al final de los tiempos vendrán hombres cínicos y burlones, entregados a sus apetitos,
4que dirán: ¿Qué ha sido de su venida prometida? Desde que murieron nuestros padres, todo sigue igual que desde el principio del mundo.
5Se les oculta, porque quieren, que desde antiguo existía un cielo y una tierra emergiendo del agua y consistente en medio del agua por la Palabra de Dios.
6Y así el mundo de entonces pereció anegado.
7El cielo y la tierra actuales por la misma Palabra están conservados para el fuego, reservados para el día del juicio y condena de los hombres perversos.
8Que esto solo, queridos, no se os oculte: que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
9El Señor no se retrasa en cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que tiene paciencia con vosotros, pues no quiere que se pierda nadie, sino que todos se arrepientan.
10El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con estruendo, los elementos se desharán en llamas, la tierra con sus obras quedará patente.
11Y si todo se ha de deshacer de ese modo, ¡cómo debéis ser [vosotros !, en la conducta santos y religiosos,
12esperando y apresurando la venida del día de Dios, cuando el cielo se deshará en el fuego y los elementos se derretirán abrasados.
13De acuerdo con su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habitará la justicia.
14Por tanto, queridos, esforzaos con esa esperanza por mostraros en paz, sin mancha ni tacha.
15Pensad que la paciencia de Dios con vosotros es para vuestra salvación; como os escribió nuestro querido hermano Pablo con la sabiduría que le fue concedida.
16En todas sus cartas trata estos temas, si bien en ellas hay cosas difíciles de entender, que los inexpertos y vacilantes deforman, como hacen con el resto de la Escritura, para su perdición.
17Así pues, vosotros, queridos, estad prevenidos y precavidos para que no os arrastre el error de hombres sin principios, y perdáis vuestra estabilidad.
18Creced, más bien, en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta la eternidad. [Amén.