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Hebreos 4

Sagrada Biblia (Jünemann)

1El reposo a los judíos, se da por Cristo Fuerza de la palabra divina Temamos, pues, no sea que, abandonando la promesa de entrar en el reposo a. El reposo de la tierra prometida es figura del reposo eterno del cielo. de él, parezca alguno de entre vosotros haberse rezagado.

2Pues también hemos sido evangelizados, así como aquéllos; empero no aprovechó la palabra de la oída a aquéllos no mezclada con la fe, en lo que oyeron.

3Pues entramos en el reposo, los que hemos creído; según ha dicho: «Como juré en mi ira: «¡Si entrarán en mi reposo!...»; y eso, estando las obras, desde fundación de mundo, hechas b. Por eso no habla Dios aquí, ni del reposo del sábado, ni del de la tierra prometida, sino del celestial. .

4Pues ha dicho en alguna parte acerca del séptimo así: ( Gén 2:2 .) Y reposó Dios en el día el séptimo de todas sus obras.

5Y en ésta de nuevo: «¡Si entrarán en el reposo mío!...»

6Ya que resta, pues, que algunos entren en él, y los primeros evangelizados no entraron por desobediencia,

7de nuevo determina día: «Hoy», en David, diciendo, después de tanto tiempo, como antes ha dicho: «Hoy, si la voz de él oyereis, no endurezcáis vuestros corazones».

8Pues, si a ellos Jesús c. Josué. reposara, no de otro hablara luego día.

9Por tanto queda el sabatismo d. El reposo sabático, santo, eterno, que —aguarda el pueblo de Dios. para el pueblo de Dios.

10Pues, el que entró en el reposo de él, también él reposó de sus obras, tal como de las propias Dios.

11Apresurémonos, pues, a entrar en aquel reposo, para que nadie en el mismo ejemplo caiga de la desobediencia.

12Pues viviente, el verbo de Dios y eficaz, y cortante sobre toda cuchilla bifauce e. De dos bocas, filos; devoradora con sus filos. ; y, pasando hasta la división del alma y espíritu, así de articulaciones como de médulas, y discernidor de intentos y pensamientos de corazón;

13y no hay criatura invisible a faz de él, y todo desnudo y cuelli-descubierto f. Alzado y descubierto el cuello, como para ser degollado. a sus ojos; para con quien a nosotros la cuenta g. A quien debemos dar cuenta. .

14Teniendo, pues, sumo sacerdote grande que ha atravesado los cielos: a Jesús, el Hijo de Dios, asgámonos a la confesión h. De la fe. .

15Que no tenemos sumo pontífice que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino tentado, por todo, según semejanza, sin pecado.

16Lleguémonos, pues, con libre habla i. Libre, confiadamente, hablando, orando. al trono de la gracia, para alcanzar misericordia; y gracia hallar, para oportuno socorro.

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