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2 Macabeos 3

Sagrada Biblia (Jünemann)

12 MACABEOS 3 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros Heliodoro castigado Estando, pues, la santa ciudad habitada con toda paz, y las leyes aún hermosísimamente observadas por la piedad de Onías sumo sacerdote y el odio de lo malo;

2acontecía que los mismos reyes honraban el lugar y el santuario, con los envíos magníficos.

3A punto que también Seleuco, el rey del Asia, suministraba de sus propios emolumentos, todas las expensas necesarias para el ministerio de los sacrificios.

4Empero un cierto Simón, de la tribu de Benjamín, prefecto del santuario constituido, contendía con el sumo sacerdote acerca de la iniquidad en la urbe.

5Y vencer a Onías no pudiendo, vino a Apolonio, de Traseo, el por aquel tiempo estratego de Celesiria y Fenicia.

6Y avisóle que de dinero incontable estaba henchido el gazofilacio de Jerusalén; de suerte que la muchedumbre de lo separado era innúmera, y que no pertenecía ello a la razón de los sacrificios; y que era posible que bajo la potestad del rey cayera todo esto.

7Entrevistándose, pues, Apolonio con el rey le informó acerca del indicado dinero. Y él valiéndose de Heliodoro, el encargado de los negocios, le envió dando órdenes para que del ante dicho dinero hiciese transporte.

8Y al punto hizo Heliodoro el viaje, al parecer atravesando ciudades como las de Celesiria y Fenicia pero en realidad, con el propósito de ejercitar las órdenes del rey.

9Y llegado a Jerusalén y benévolamente acogido por el sumo sacerdote de la ciudad, contó lo de la hecha manifestación, y declaró porqué está ahí; y averiguó si en verdad así sucedía.

10Pero el sumo sacerdote manifestando a. Estuvo. que los depósitos eran b. = Manifestó. de las viudas y de los huérfanos;

11y algo también de Hircano, de Tobías, sobremanera varón puesto en eminencia; no como calumniaba el impío Simón, sino que todo el depósito del templo llegaba a cuatrocientos talentos de plata y a doscientos de oro.

12Pero que fuesen defraudados los confiados en la santidad del lugar, el que era honrado a través del orbe entero, por su santuario, majestad e inviolabilidad era del todo imposible pensar.

13Pero Heliodoro, por las órdenes que tenía del rey decía que todo esto ingresaba al tesoro real.

14Y fijando día, se preparó a entrar para apoderarse de tales riquezas, lo que produjo una gran conmoción en toda la ciudad.

15Y los sacerdotes, delante del altar, vestidos con las sacerdotales estolas prosternándose invocaban al cielo, al que acerca del depósito legisló, para que a los depositantes esto salvo se custodiara.

16Y sucedía para que el que veía la faz del sumo sacerdote comprendía que era herido en el alma; pues el rostro y la demudación del color demostraba la angustia de su alma.

17Pues derramado estaba en torno del varón cierto temor y estremecimiento de cuerpo, por lo que manifiesta se hacía a los que miraban, la fija aflicción del corazón.

18Otros, empero, de las casas aglomeradamente se precipitaban a una suplicación popular por haber de venir a menosprecio el lugar c. Santo, el templo. .

19Y ceñidas, bajo los pechos, las mujeres de sacos se amontonaban por las vías; y las encerradas d. Que según la costumbre estaban encerradas. de las vírgenes unas corrían juntas e. V.: a Onías y a las. a las puertas; otras a los muros, y algunas a las ventanas se asomaban.

20Y todas, alzando las manos al cielo, hacían la súplica.

21Y de lastimar era el entremezclado arruinamiento de la muchedumbre y la expectación del grandemente agonizante sumo sacerdote.

22Aquestos, pues, invocaban al todopoderoso Dios que lo depositado a los depositantes guardase con toda seguridad.

23Heliodoro, empero, lo acordado realizaba.

24Y allí mismo él con los lanceros avanzaba por el gazofilacio, presentóse el de los padres Señor y de toda potestad soberano, quien hizo manifestación grande; de modo que todos los que se habían atrevido a juntarse, atónitos ante el poder de Dios, en desmayo y temor se convirtieron.

25Pues aparecióles cierto bridón, terrible, teniendo el jinete, de hermosísima cobertura adornado, y precipitándose adelante descargó sobre Heliodoro los cascos delanteros; y el sentado sobre él, apareció teniendo una armadura de oro.

26Y otros dos jóvenes fueron apareciendo con él por la fuerza eximios, y bellísimos por la gloria, y descollantes por la vestidura; los que también puestos a cada lado le flagelaban sin cesar, muchas veces infiriéndole llagas.

27Y al súbitamente caído en la tierra y en muchas tinieblas envuelto, arrebatando juntamente y puesto en una litera,

28al que poco ha con mucho concurso y toda lancería entró en el antedicho gazofilacio, sacaron inválido para sí mismo hecho conociendo abiertamente la potestad de Dios.

29Y él mudo por la divina virtud yacía destituido de toda esperanza y salud.

30Pero los judíos al Señor bendecían, al que glorificaba su lugar; y el poco antes henchido templo de temor y turbación, ahora se fue llenando con el gozo y la alegría de la intervención del omnipotente Señor.

31Pero luego algunos de los familiares de Heliodoro rogaban a Onías que invocase al Altísimo, y el vivir concediere al que del todo en su último aliento yacía.

32Y sospechoso poniéndose el sumo sacerdote, no fuera que el rey se imaginara que alguna maldad con Heliodoro habían consumado los judíos ofreció un sacrificio por la salud del varón.

33Y haciendo el sumo sacerdote la súplica, los mismos jóvenes de nuevo aparecieron a Heliodoro, en los mismos ropajes vestidos, y parándose dijeron: «Muchas gracias da a Onías sumo sacerdote; pues por él te ha concedido el vivir el Señor;

34Así, empero, por él flagelado, anuncia a todos la magnífica potencia de Dios». Y esto diciendo, invisibles se hicieron.

35Pero Heliodoro, sacrificio ofreciendo al Señor, y votos grandísimos votando al que el vivir le otorgara, y a Onías acogiendo f. Benévola, agradecidamente. , decampó de nuevo al rey.

36Y atestiguaba a todos, las obras que había de vista mirado del máximo Dios.

37Y el rey preguntando a Heliodoro quién sería apto, aún, para ser otra vez enviado a Jerusalén, dijo:

38«Si alguno tienes enemigo o del reino asechador, envíale allá; y flagelado le recibirás, si por ventura salvare; porque en torno del lugar verdaderamente hay alguna fuerza de Dios.

39Pues él mismo que la morada celestial tiene, contemplador es y amparador de aquel lugar, y a los que se allegan para mal, hiriendo, pierde».

40Y lo de Heliodoro y de la del gazofilacio custodia, así tuvo lugar.

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