Salmos 90
Católica Biblia de Jerusalén ›1Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad.
2Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios.
3Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!»
4Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche.
5Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota;
6por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca.
7Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados.
8Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas.
9Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años.
10Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos.
11¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación?
12¡Enséñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón!
13¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos.
14Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida.
15Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos.
16¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos!
17¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!