Salmos 88
Católica Biblia de Jerusalén ›1Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche;
2llegue hasta ti mi súplica, presta oído a mi clamor.
3Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol;
4contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado:
5relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.
6Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos;
7sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes. Pausa.
8Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida,
9mi ojo se consume por la pena. Yo te llamo, Yahveh, todo el día, tiendo mis manos hacia ti. Pausa.
10¿Acaso para los muertos haces maravillas, o las sombras se alzan a alabarte?
11¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición?
12¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?»
13Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración;
14¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas, lejos de mí tu rostro ocultas?
15Desdichado y agónico estoy desde mi infancia, he soportado tus terrores, y ya no puedo más;
16han pasado tus iras sobre mí, tus espantos me han aniquilado.
17Me envuelven como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una.
18Has alejado de mí compañeros y amigos, son mi compañía las tinieblas.