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Salmos 84

Católica Biblia de Jerusalén

1¡Qué amables tus moradas, oh Yahveh Sebaot!

2Anhela mi alma y languidece tras de los atrios de Yahveh, mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo.

3Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner a sus polluelos: ¡Tus altares, oh Yahveh Sebaot, rey mío y Dios mío! Pausa.

4Dichosos los que moran en tu casa, te alaban por siempre.

5Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti, y las subidas en su corazón.

6Al pasar por el valle del Bálsamo, lo hacen un hontanar, y la lluvia primera lo cubre de bendiciones.

7De altura en altura marchan, y Dios se les muestra en Sión.

8¡Yahveh Dios Sebaot, escucha mi plegaria, tiende tu oído, oh Dios de Jacob!

9Oh Dios, escudo nuestro, mira, pon tus ojos en el rostro de tu ungido. Pausa.

10Vale más un día en tus atrios que mil en mis mansiones, estar en el umbral de la Casa de mi Dios que habitar en las tiendas de impiedad.

11Porque Yahveh Dios es almena y escudo, él da gracia y gloria; Yahveh no niega la ventura a los que caminan en la perfección.

12¡Oh Yahveh Sebaot, dichoso el hombre que confía en ti!

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