Salmos 65
Católica Biblia de Jerusalén ›1A ti se debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple,
2tú que escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene
3con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las borras.
4Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!
5Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;
6tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido,
7y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio,
8por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo.
9Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:
10riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.
11Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;
12destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;
13las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones!