Salmos 59
Católica Biblia de Jerusalén ›1¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme,
2líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!
3Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh,
4sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,
5tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. Pausa.
6Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.
7Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»
8Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.
9Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Dios mi ciudadela,
10el Dios de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.
11¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo!
12Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!
13¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. Pausa.
14Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;
15vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.
16Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.
17Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Dios mi ciudadela, el Dios de mi amor.