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Salmos 44

Católica Biblia de Jerusalén

1Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos,

2y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos;

3no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas.

4Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob;

5por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.

6No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor;

7que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;

8en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. Pausa.

9Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas,

10nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer.

11Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado;

12vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio.

13De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes;

14mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos.

15Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante,

16bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza.

17Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.

18¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,

19para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte!

20Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,

21¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?

22Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata.

23¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre!

24¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

25Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre.

26¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!

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