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Salmos 38

Católica Biblia de Jerusalén

1Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.

2Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;

3nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.

4Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;

5mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;

6encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.

7Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;

8entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.

9Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.

10Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.

11Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;

12y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.

13Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;

14sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.

15Que en ti, Yahveh, yo espero, tú responderás, Señor, Dios mío.

16He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!».

17Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.

18Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.

19Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,

20los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.

21¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí!

22Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

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