Salmos 36
Católica Biblia de Jerusalén ›1Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos.
2Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa;
3las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien.
4Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.
5Oh Yahveh, en los cielos tu amor, hasta las nubes tu verdad;
6tu justicia, como los montes de Dios, tus juicios, como el hondo abismo. A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,
7oh Dios, ¡qué precioso tu amor! Por eso los hijos de Adán, a la sombra de tus alas se cobijan.
8Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas;
9en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.
10Guarda tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.
11¡Que el pie del orgullo no me alcance, ni la mano de los impíos me avente!
12Ved cómo caen los agentes de mal, abatidos, no pueden levantarse.