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Salmos 30

Católica Biblia de Jerusalén

1Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.

2Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.

3Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.

4Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada.

5De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo.

6Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.»

7Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.

8A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro:

9¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

10¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!

11Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;

12mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

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