Sabiduría 14
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1SABIDURÍA 14 Sb 1 - Sb 2 - Sb 3 - Sb 4 - Sb 5 - Sb 6 - Sb 7 - Sb 8 - Sb 9 - Sb 10 - Sb 11 - Sb 12 - Sb 13 - Sb 14 - Sb 15 - Sb 16 - Sb 17 - Sb 18 - Sb 19 Índice de libros Hay también quien, dispuesto a embarcarse para cruzar el mar encrespado, | invoca a un leño más frágil que la embarcación que lo lleva.
2A esta la inventó el afán de lucro, | la construyó la pericia del artífice.
3Pero es tu providencia, Padre, quien la pilota, | porque incluso en el mar abriste un camino | y una senda segura entre las olas,
4mostrando así que puedes salvar de todo peligro, | para que se embarque aun el inexperto.
5No quieres que las obras de tu sabiduría sean estériles; | por eso los hombres confían sus vidas a un leño insignificante, | y, cruzando el oleaje en una balsa, llegan sanos y salvos.
6Ya al principio, cuando perecían los soberbios gigantes, | la esperanza del mundo se refugió en una balsa | que, pilotada por tu mano, legó al mundo una semilla de vida.
7Bendito el leño que se utiliza para la justicia,
8pero el ídolo hecho a mano, maldito él y quien lo hizo; | este porque lo fabricó, aquel porque, siendo corruptible, fue tenido por dios.
9Dios aborrece igualmente al impío y su impiedad
10y la obra será castigada junto con su autor.
11Por eso los ídolos de las naciones también serán juzgados, | porque se han hecho abominables entre las criaturas de Dios, | ocasión de tropiezo para las almas de los hombres | y una trampa para los pies de los necios.
12La invención de los ídolos fue el comienzo de la infidelidad | y su descubrimiento trajo la corrupción de la vida.
13Porque no existieron al principio ni existirán eternamente.
14Entraron en el mundo por la necedad de los hombres | y por eso tienen marcado un fin inmediato.
15Un padre, afligido por un luto prematuro, | hace una imagen del hijo repentinamente arrebatado; | al que ayer era hombre muerto, hoy lo venera como un dios, | e instituye iniciaciones mistéricas para sus subordinados.
16Con el tiempo se consolida la impía costumbre y se observa como ley.
17Por decreto de los soberanos recibían culto sus estatuas | y como la gente que vivía lejos no podía venerarlos en persona, | representaba su figura lejana, | haciendo una imagen visible del rey venerado, | para adular con fervor al ausente como si estuviera presente.
18La ambición del artista contribuyó a extender este culto, | incluso entre quienes no lo conocían,
19pues este, deseoso sin duda de complacer al soberano, | forzó hábilmente el parecido para que resultase más hermoso.
20La multitud, seducida por el encanto de la obra, | considera ahora objeto de culto al que poco antes honraba como hombre.
21Y esto se convirtió en una trampa para los vivientes, | pues los hombres, víctimas de la desgracia o de la tiranía, | dieron el nombre incomunicable a piedras y leños.
22Además, no les bastó con equivocarse en el conocimiento de Dios, | sino que, inmersos en la guerra cruel de la ignorancia, | dan a esos males tan graves el nombre de paz.
23Así, con sus ritos infanticidas, sus misteriosos secretos | y sus delirantes orgías de rituales extravagantes,
24ya no conservan puros ni la vida ni el matrimonio, | sino que se matan a traición unos a otros o se infaman con adulterios.
25Reina por doquier un caos de sangre y crimen, robo y fraude, | corrupción, infidelidad, desorden y perjurio;
26desconcierto entre los buenos, olvido de la gratitud, | contaminación de las almas, perversiones sexuales, | desórdenes matrimoniales, adulterios y libertinaje.
27Porque el culto a los ídolos sin nombre | es principio, causa y fin de todos los males.
28Los idólatras o se divierten frenéticamente, o profetizan oráculos falsos, | o viven en la injusticia, o perjuran con ligereza.
29Como confían en ídolos sin vida, | no temen que el jurar en falso les ocasione daño alguno.
30Pero les aguarda un doble castigo: | porque al seguir a los ídolos se han hecho una idea falsa de Dios | y porque han jurado injustamente y con engaño, despreciando la santidad.
31Pues no es el poder de aquellos por los que se jura, | sino la condena que merecen los pecadores | quien persigue siempre las transgresiones de los malvados.