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Lucas 19

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.

2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,

3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura.

4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.

10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

11Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.

12Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.

13Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.

14Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

15Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

16El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.

17Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

18El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

19A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

20El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo,

21porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

22Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado?

23Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

24Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

25Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.

26“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

27Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

28Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

29*19:29-24:53 Jesús llega a Jerusalén, meta de su camino y actividad, donde tendrá lugar su muerte y exaltación, su «éxodo» al Padre. *19:29-40 La proclamación del reino, que Jesús ha hecho hasta ahora en Galilea y en el camino hacia Jerusalén, reviste forma simbólica cuando entra en la ciudad santa, escenificando el texto de Zac 9:9 . Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos,

30diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo.

31Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”».

32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.

33Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?».

34Ellos dijeron: «El Señor lo necesita».

35Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él.

36Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino.

37Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto,

38diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».

39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».

40Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».

41Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella,

42mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

43Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados,

44te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

45Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores,

46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él,

48pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

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